SE OLVIDÓ DE SOÑAR

MARGArita
Desde pequeña se podía observar su actitud, era una niña con un alto potencial, con mucha fuerza interior, se educó en una familia acomodada, que le permitió un buen nivel de vida, unos estudios y una estimulación adecuada para desarrollar todo ese potencial.
Y así lo hizo, se licenció, encontró un buen trabajo, y cumplió con el encargo familiar, se casó y tuvo sus hijos.
Habiendo llegado a este punto, sentía cubiertas sus necesidades básicas, económicas y de afectividad, pero….
Algo fallaba, por qué no era feliz. Su vida transcurría en un ir y venir, del trabajo a su casa, de su casa al colegio de los niños, las actividades extraescolares, los compromisos sociales los fines de semana, los compromisos familiares en vacaciones,…. Una rutina que la acaparaba y la asfixiaba sin compasión.
Un día, cuando despertó su hijo pequeño, le contó un sueño que había tenido y le preguntó “mamá, ¿qué has soñado hoy?”.
Fue entonces cuando se dio cuenta, ya sabía lo que ocurría, estaba tan entregada a su trabajo, a su familia, a sus amigos, terminaba tan cansada cada noche, que se había olvidado de soñar.
Cuando somos pequeños, soñamos cómo será nuestra vida adulta, y a medida que vamos cumpliendo sueños, aparecen otros nuevos. Sin embargo, cuando nos enredamos con los hilos de la rutina, dejamos de crear nuevos sueños y sin darnos cuenta, nuestra luz se apaga y nuestra energía se agota.
Ella se dio cuenta de que todo a su alrededor iba bien, funcionaba, pero y su interior, desmembrado, agrietado, envejecido,….
¿Qué hacer en estas circunstancias?
Una vez que había dado el primer paso, la toma de conciencia, avanzó un poco más, se planteó un objetivo, complementar su formación. Hace tiempo que se sentía estancada a nivel profesional, con un reciclaje a nivel formativo, se sentiría más segura a la hora de innovar o de hacer nuevas propuestas en su empresa. Y por qué no, dedicar unas horas a la meditación, el gimnasio o cualquier otra actividad que la hiciera sentir sana en cuerpo y mente.
Cogió fuerzas y adquirió un compromiso con ella misma, éste es el verdadero compromiso, el que se adquiere con lo que cada uno quiere, y no con lo que te obligan a hacer.
Se planteó su para qué, sentía que estaba perdiendo a la niña que vivía en su interior.
Aprendió a reconocer cuáles eran los recursos con los que contaba y los apoyos que necesitaba.
Reflexionó, tranquilamente, sobre las diferentes alternativas que existían. Valoró las posibles ganancias y pérdidas, si llevaba a cabo esta iniciativa.
Buscó antiguos contactos que podían ayudarle y retomó viejas amistades. Se planteó el impacto que generaría en su entorno y cómo su entorno le facilitaría o dificultaría.
Planificó los diferentes pasos para conseguir llegar a su meta, y…
… se sintió una niña de nuevo, se sintió fuerte, segura, decidida y encontró el apoyo que necesitaba para impulsarse y comenzar una nueva aventura. A partir de ese momento, todas las mañanas conversaba con sus hijos y compartía sus sueños, cada uno de los pasos que le llevarían a su meta.

¿TE ATREVES A INICIAR TU PROCESO? TE ACOMPAÑO.
Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach

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