Unas personitas invisibles

Buenas, estaréis pensando que se me han alargado demasiado las vacaciones de verano. Sin darme cuenta estamos en otoño. ¿Qué he estado haciendo?. Pues, os lo diré evolucionar crecer, resituarme, y continuar con mi trabajo de autoconocimiento. Mientras más buceo por mi mundo interior, más profundo quiero llegar y menos oxígeno necesito, ¿te pasa a ti, tainvisibles1mbién?.

En estos meses he aprendido muchas cosas que me encantará compartir con vosotros. Una de las últimas cosas ha sido cómo equilibrando mis hemisferios cerebrales, puedo aumentar mi potencial y ser más productiva. Pero de esto os hablaré más adelante.
También he comprobado aquello que me contaban en las clases de psicología evolutiva, de lo importante que es la primera infancia y cómo puede llegar a determinar nuestras vidas.

Hoy me gustaría hablaros de unas personitas invisibles. De aquellos niños y niñas que han sufrido en su infancia algún tipo de maltrato (negligencia, abusos, palizas, amenazas, insultos, vejaciones,…) por parte de las figuras que tenían que protegerles. Y quiero hablar también de esos niños niñas que alguna vez entraron en contacto con la administración y fueron tutelados porque necesitaban ser protegidos.
Aquellos, que en algunos casos fueron adoptados o acogidos, porque dada su situación era la mejor alternativa, la mejor opción.

Es posible que a medida que vaya dando detalles de las vidas de estos niños y niñas, alguien se dé por aludido y se sienta ofendido y quizás no comparta mi perspectiva. Discúlpenme, no tengo intención de molestar a nadie, pero después de más de 12 años trabajando en este ámbito, me siento con la responsabilidad de hacer visibles a esas personitas. Y al fin y al cabo, sólo es una opinión más en una sociedad libre. Así que no me lo tengan en cuenta.

En estos años, he tenido que aprender a gestionar mis frustraciones ante situaciones que me parecían totalmente injustas, en algunos casos fruto de decisiones políticas, administrativas y organizativas; y en otros casos, fruto de la incompetencia, la dejadez, la desmotivación o el síndrome de burnout de algunos profesionales.

Cuando un menor es retirado de su familia, porque las condiciones físicas y/o psicológicas que lo rodean no son las más adecuadas para su desarrollo psicológico, social y emocional, se presupone que va a recibir todo lo necesario para crecer en situación de igualdad, respecto a otros menores que se encuentran en entornos más normalizados.
Pues, no siempre es así. Os cuento, la administración cuenta con ciertos recursos para atender a estos menores desde que son retirados de sus familias. En estos recursos, habitualmente, hay profesionales comprometidos, de vocación (al menos esa es mi experiencia), profesionales que buscan con empeño, utilizando todas sus estrategias y habilidades, la mejor manera de ayudar a estos niños y niñas a comprender su situación, a aceptarla, asimilarla y dejarla estar para que no llegue a bloquear su crecimiento. El objetivo es que comprendan, perdonen y salgan adelante.

Una vez llegue su mayoría de edad, estas personitas dejarán de ser niños y niñas, para ser adultos. Pareciera que de la noche a la mañana ya no necesitaran una protección, una orientación, un techo seguro,…. Sí, es cierto que cuando se acerca el momento, esos profesionales concienciados, comienzan a exigirles en su comportamiento, en sus actitudes, lo que más tarde se van a tener que exigir ellos mismos, si pretenden buscarse un futuro digno y romper con el círculo marginal del que fueron retirados un día.

Y hasta aquí, quizas, no entenderéis mi tono algo gris. Pero, sigo avanzando, esos recursos que se les ofrecen a estos niños y niñas no son suficientes, ni siquiera aceptables. Y ésta es mi experiencia, quiero recalcar.

A ver, os planteo una cuestión, y si por tu formación estás relacionado/a con la experiencia que estoy contando, intenta olvidarte de ésta y utilizar sólo tu lógica. ¿Qué crees que puede necesitar un niño de 6, 7, 8, 9,…… años, cuando es retirado de su familia, de su entorno, de su vida,… porque mejor o peor las personas con las que crecemos son nuestros referentes, confiamos en ellos y existen sentimientos de cariño, protección, pertenencia, … , de una manera patológica quizás, pero existen.

Bueno a mí se me ocurriría:
– Apoyo psicológico, para reformular su situación, gestionar sus emociones y sentimientos, asumir su realidad, aprender a identificar el daño y ser capaces de sanarlo.
– Un número suficiente de profesionales comprometidos, que los atiendan diariamente como si no hubiese otra cosa que hacer.
– Objetividad, profesionalidad y coordinación entre todos los profesionales implicados en los casos.
– Menos política y más hechos.

Esto no siempre es así, y a los 16 o 17 años, llegan a estos recursos chicos y chicas con la vida destrozada, retirados de su familia hace años, y con un recorrido institucional de “expertos”. Y según mi experiencia, el problema no es sólo de la situación familiar de donde se le saco hace muchos años. La administración, es responsable de ese niño o niña, pero no dispone los recursos adecuados. Se me viene a la mente algo que leí no hace mucho: “En las jerarquías, normalmente, las personas que toman las decisiones, no son las que van a implementarlas”, por eso el desequilibrio, entiendo yo, de las necesidades y los recursos.

Llegados a un punto de autodestrucción, estos niños y niñas dejan de confiar en los adultos que estamos a su alrededor, comienzan a presentar aptitudes que provocan el rechazo y la ira de cualquiera que esté a su lado. Empiezan a probar las estrategias que un día aprendieron en sus familias, engaños, lealtades patológicas, manipulaciones, ….

Estas personitas invisibles necesitan un equipo de trabajo completo, comprometido, capaz de escuchar opiniones de otros profesionales que le puedan ayudar a tomar la mejor decisión.

Os recuerdo aquí, la importancia de trabajar con las familias, pero desde el empoderamiento como os comentaba en la anterior entrada. El trabajo con estos niños/niñas debe ir en paralelo y coordinado entre los profesionales que trabajan con ellos y los que trabajan o deberían trabajar con las familias.

Y ahora sí, te pido un favor, tanto si tu trabajo está relacionado con la vida de estas personitas invisibles, como si no, reflexiona sobre esto, crea tu propia opinión y compártela.

Y después piensa qué puedes hacer por esta parte de la sociedad. Mañana estos niños y niñas convivirán con nuestros hijos, con nuestros sobrinos, … .

Yo por mi parte, y os comparto por si os sirve, siempre que puedo intento ayudarles a que hagan una toma de conciencia, se planteen un objetivo, valoren las opciones y planifiquen un plan de acción que les sirva para evolucionar de la mejor manera utilizando todo su potencial. A veces, están receptivos y otras veces no. Pero, cuando les queda un poco de paciencia aún, y son capaces de confiar, consiguen salir adelante, desarrollando su capacidad de resiliencia. Y la gratificación para el profesional, no tiene precio.

Muchas gracias por vuestra atención.

Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach

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