ALMA

Llegó a la consulta algo cabizbaja, me contó cosas sobre su infancia, su juventud y su adultez. Se encontraba en ese momento en que no eres joven pero tampoco anciano, ese momento en que te acercas a la mitad de tu vida y te preguntas si vas por buen camino y si aún estás a tiempo de empezar de nuevo tomando un sendero diferente.

Su espíritu relucía inquieto, ilusionado, inspirador, pero parecía atrapado en un cuerpo con muchas heridas y remiendos que lo encorsetaban. Le pregunté en qué podía yo ayudarla y me dijo así:

“Durante años, busqué satisfacer una necesidad impetuosa de reconocimiento, creía que necesitaba el cariño y el afecto de todos los que estuvieran a mi alrededor porque de otro modo estaría perdida. Esto me hizo actuar de acuerdo con lo que se esperaba de mí. Perdí muchas oportunidades por no romper con el papel que yo misma me había asignado, un papel rígido y aburrido pero correcto y aceptado.

Cuando, en ocasiones, recibía ese reconocimiento tan ansiado, hacía parecer que no lo necesitaba para no sentirme vulnerable y seguir pareciendo esa persona tranquila, controlada y segura.

Ese papel, que representé durante demasiado tiempo, me ha llevado a un lugar en el que no pretendía estar. Esas ansias de resaltar, me hicieron tomar decisiones, a veces, tarde, y otras veces, apresuradamente. Y, ahora que me doy cuenta de que nunca me hizo falta esforzarme en resaltar, que tenía suficientes cualidades al natural, que no hubiera hecho falta crear un papel, ahora me doy cuenta de que no alcancé aún lo que mi niña interior se propuso, que aún no conseguí su sueño y por eso continúa triste.

Hoy me doy cuenta que tengo que empezar de nuevo con las marcas del tiempo en mi vida y en mi alma.

¡Qué sencillo hubiera sido entender todo esto desde el principio! Entenderlo ahora me hace sufrir, pero también hace que sea capaz de reírme de mí misma, de mis errores, de mis pensamientos y relativizar ciertas creencias.

El reto ahora es empezar aquí, en este punto, romper con ese papel, desmontar ese personaje sin miedo al qué dirán, sin miedo al qué diré. ¡Qué fácil sería empezar de cero en otro lugar, con otro público!, pero no sería un reto.

Y… no sé cómo empezar… Eso es en lo que necesito que me ayudes”.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

Julieta trae un mensaje

Vino ayer, después de un tiempo de silencio, dijo que necesitaba contarme algo, sentía que le había sido revelado un secreto que hacía mucho que ella sabía pero del que no era consciente.

Había conseguido saber su para qué, su mensaje, su motivo para pasar por esta vida. Y todo esto, según me decía estaba muy relacionado con el papel del hombre, el rol masculino en su familia.

Me contó que había comprendido que el matriarcado en el que había crecido estaba enfermo. Esta toma de conciencia le había revelado que ella, sí, ella, traía un mensaje, una misión sanadora: la reconciliación con el hombre, con lo masculino.

Todas las mujeres de su clan, mujeres poderosas, de carácter fuerte, iniciativa y personalidad, habían asumido la carga familiar durante generaciones, eclipsando a la figura masculina. Los hombre de su clan, sumisos o evitativos, habían tomado un papel ausente y poco participativo.

De generación en generación, se había transmitido la creencia de que el hombre era malo, egoísta, egocéntrico, infiel… pero que era útil en una época en que la mujer a penas tenía voz, y sin la compañía de un hombre no podía disfrutar de ciertos aspectos de la vida.

Por lo tanto, estas mujeres, desde su necesidad de supervivencia y ansias de libertad e igualdad, durante generaciones les quitaron a ellos su lugar, su opinión… y se hicieron fuertes, apoyándose siempre unas a otras.

Ahora, ella lo había comprendido todo y era hora de reaccionar y actuar. Por qué ella, se preguntaba en voz alta en la sala, pero no encontraba una respuesta. Yo solo escuchaba y le permitía un espacio de reflexión.

Quizás su toma de conciencia la colocaba en un lugar privilegiado para poder romper ese secreto y dejar de cumplir el mandato familiar de menospreciar a los hombres.

Antes de dar por terminada la sesión, me dijo con gran seguridad, que su misión era permitirles su sitio a los que aún estaban aquí, eso sanaría a las generaciones anteriores. Pero… ¡qué difícil hazaña!

Todos tenemos una misión en nuestra vida y nada tiene que ver con lo que hacemos, está relacionado con lo que somos, y eso, solo podemos averiguarlo mirando en nuestro interior. ¿Cuál es tu mensaje, cuál es tu misión?

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

Jesús

Pues claro que lo entiendo, María tenía muchas dificultades y ellos estaban entregados. Perdieron mucho por ella, las fuerzas, las formas, la actitud, hasta su relación, pero era su hija.

¿Y yo? también estaba allí, lo que pasa es que nadie me veía. Fui creciendo y empecé a necesitarle, mi supuesto referente, dónde estabas, todo eran exigencias. Mi adolescencia se rebelaba cada vez más y nos fuimos separando hasta que apareció un abismo entre los dos.

Sentí mi enfado, necesitaba que alguien viera que estaba allí, ¡que existía! y que supieran que tenía unas necesidades más allá del vestido, la comida y el cobijo.

¿Dónde estabas papá? con mi conducta casi antisocial a veces, conseguía que vinieras a reñirme, pero después, te alejabas más.

No tengo claro si esto lo tengo que arreglar yo, o tendría que esperar a que tú reacciones. Pero ya no puedo más, te necesito y esta vez voy a intentar pedirlo bien.

Solo te pido que me sostengas, que no me dejes caer, que me hagas un hueco. Me gustaría tener un espacio contigo que no esté invadido por las necesidades de ella.

Los hermanos de niños con dificultades educativas y del desarrollo también existen y nos necesitan. Mirémoslos.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

TÚ Y YO

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¿Qué queda?

Después de una vida compartida, ¿qué queda?

Nos entregamos, nos esforzamos, luchamos por cumplir y cuando nos descargamos de responsabilidades y nos miramos a la cara, sin ruido, ¿qué queda?

Quedamos nosotros y es el momento de decidir, de valorar, de sopesar si el paso del tiempo nos cambió tanto que ya ni nos conocemos. ¿Cuánto hace que no hablamos de nosotros? ¿Cuántas cosas se quedaron pendientes por las obligaciones del día a día?

Y qué difícil ahora que estamos cada uno en un extremo, qué difícil ahora que nos separamos para sobrevivir y buscamos de manera paralela un lugar donde ser, donde sentir, y nos alejamos sin darnos cuenta.

¿Cómo volver ahora a un punto de encuentro? hay heridas infectadas que aún duelen.

Es el momento de decidir, de evaluar juntos si esto que construimos merece ser salvado o soltamos la red, pero juntos. Es algo nuestro, seamos respetuosos y soltemos despacio para que no se rompa nuestra obra, que ésta pueda volar sin nosotros y podamos iniciar algo nuevo desde la paz interior.

Y si al soltar, nuestras manos se rozan y se eriza nuestro vello, tendremos la prueba de que es posible zurcir esos rotos y continuar construyendo, porque tejimos una red fuerte.

Estamos en otoño, es tiempo de soltar, mira hacia dentro y decide de corazón qué vas a soltar.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

Mamá, quiero ser artista.

Mamá, quiero ser artista

¿Has terminado los deberes?

Mamá, quiero ser artista

¿Cómo te ha ido el exámen?

Mamá, quiero ser artista

Tienes que ser más ordenado, ¿has visto cómo tienes el cuarto?

Mamá, he ganado el concurso de felicitaciones en el colegio

¡Qué bien! ¿qué has pintado? ¿y las notas?

Mamá, quiero ser artista

Hay que mejorar estas notas

Mamá, quiero ser artista

Tienes que espabilar y encontrar un trabajo serio

Mamá, quiero ser artista

¿Sabes que han salido unas nuevas oposiciones y Andrés me ha dado el temario?

Mamá, quiero ser artista

He hablado con Agustín y me ha dicho que le envíes tu currículum

Mamá, he encontrado un trabajo serio

¡Oye! hay que ver con lo bien que has dibujado siempre que ya no te veo hacerlo. ¡Qué pena!

Mamá…

Sus sueños, no son los tuyos, no tienen nada que ver con las expectativas que tenías, con tus intereses. Cuídalo mientras lo necesite, que te sienta siempre presente, accesible, pero déjalo volar con sus propias alas antes de que se le atrofien.

Seamos como el faro para los barcos que zarpan en busca de aventuras, cuando hay tormenta, buscan su luz. Confía, respeta y acepta, es su vida.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

La adolescencia, luces y sombras

Impulsividad, irritabilidad, cambios de humor, rebeldía… y así podríamos continuar con una lista inagotable de adjetivos que ya Sócrates y Platón o Hesíodo definieron en su día cuando hablaban de juventud.

“Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros. Los jóvenes de hoy en día son tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y les faltan el respeto a sus padres”. Sócrates.

“¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamados de pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos? Platón.

“No veo esperanza para el futuro de nuestra gente si dependen de la frívola juventud de hoy en día, pues ciertamente, todos los jóvenes son salvajes más allá de las palabras… Cuando yo era joven, nos enseñaban a ser discretos y respetar a los mayores, pero los jóvenes actuales, son excesivamente ofensivos e impacientes a las restricciones” Hesíodo.

Pareciera que después de los años, nuestra visión con respecto a esta etapa de la vida, por la que pasa todo ser humano, no ha cambiado demasiado, a pesar de haberse demostrado su importancia en el desarrollo de las personas.

Es ésta una etapa poco cuidada, de la que está socialmente permitido opinar, burlarse y demonizar. No hacemos esto con otras etapas, la infancia es considerada, cada vez más, una etapa fundamental en la que hay que estar muy atentos porque todo lo que ocurra aquí puede condicionar nuestra vida. La adultez es considerada la etapa de maduración de las personas, y la vejez una etapa de sabiduría. Pero la adolescencia… “son unos años y luego se pasa y todo vuelve a la normalidad”.

No recordamos ya, que es justo este periodo el que nos permite el desarrollo de nosotros mismos, de nuestra identidad, de nuestro sentido del YO social, cómo otras personas me ven.

Es en esta época, según comenta el Dr. Mombiela Sanz (Miembro fundador del INSTITUTO MÉDICO DEL DESARROLLO INFANTIL), en la que aparece el concepto del NOSOTROS del ELLOS. En la que el grupo cobra importancia. Se trata de una época fascinante y muy importante. Todas las personas pasamos por esta etapa para convertirnos en adultos independientes.

De hecho, creo que las sociedades necesitan de una juventud difícil, que haga tomar conciencia a sus adultos y ayude a generar los cambios necesarios.

A nivel cerebral, en la adolescencia, según refiere Sarah-Jayne Blakemore (profesora de neurociencia cognitiva en el Instituto de Neurociencia Cognitiva, University College London), en sus estudios, aparece una disminución de la masa gris, aumenta la masa blanca y se da una poda neuronal. Pero no se trata de una neurodegeneración, son cambios a nivel celular.

  • Mielinización: los axones, a través de los que viajan los impulsos eléctricos, conforman una capa de mielina (sustancia blanca y grasa), esto acelera la transmisión de las señales.
  • Disminución de la materia gris, producto del aumento de la sustancia blanca, dado que el cerebro a penas cambia su tamaño.
  • Poda sináptica: desaparecen conexiones que ya no se utilizan.

Todo esto lleva a un proceso de neuroplastidad tan alto, que el cerebro del adolescente se puede adaptar con facilidad al entorno y cambiar aumentando o disminuyendo el número de sinapsis (conexiones entre una neurona y otra).

Se da importancia a las amistades, al grupo, hay una gran influencia de los compañeros, es la etapa en la que tomamos conciencia de que la familia es algo temporal y que pronto deberemos salir e independizarnos. Buscamos en los amigos el sustituto de la familia, los referentes, quién soy y a qué grupo pertenezco. Aparece un fuerte impulso por explorar el mundo, cuestionar creencias, valores e introyecciones y generar las nuestras propias.

Es importante saber que el cerebro de un adolescente no se ha bloqueado durante la adolescencia, no está funcionando mal, sino que está cambiando para transformarse en un cerebro adulto, por lo que nos corresponde, entenderlo, nutrirlo y apoyarlo siendo buenos referentes.

Durante estos cambios el adolescente, se siente como en una nueva ciudad, sin un mapa que le guíe y va probando por ensayo-error, conociéndola (conociéndose) poco a poco. Y les decimos, “no te preocupes, cuando madures lo entenderás y me darás la razón, ahora no sabes lo que quieres”.

¡Cuidado con crear cerebros adultos en serie!, cuando estamos en una nueva ciudad, además de experimentar desconocimiento, se abren multitud de nuevas oportunidades y alternativas. Que no nos dé miedo el desarrollo de los cerebros de nuestros adolescentes, sus nuevas ideas, su rebeldía…

Es esta etapa la que les ayudará a crear su propio Yo, no tu Yo, ese que programaste cuando lo concebiste. De adultos, a veces, nos olvidamos de rebelarnos, de utilizar caminos alternativos, de cambiar sin miedos, porque nos colocamos en nuestra zona de confort. Pero recuerda que una vez tuviste sueños, cuestionaste las normas y la autoridad y probaste caminos diferentes. Y a través de este proceso te convertiste en lo que eres hoy.

No bloquees el proceso de los más jóvenes, acompáñalos, ilumínales el camino y déjalos convertirse en su propio Yo, sin miedo a que no cumplan tus expectativas.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

Julieta y ella.

Después de una semana de ausencia, Julieta volvió ayer. Decía que había estado ocupada con sus recuerdos, colocando tiritas en su corazón, tratando algunas infecciones, sanando…

Al final de la sesión me contó la conversación que mantuvo con ella. Le pedí permiso para compartirla con vosotros, y aquí está.

Cada día aprendo algo nuevo de ella, su locura, su rareza,… la hacen viajar, cada vez más profundo, a su interior, y es justo ahí donde encuentra las respuestas.

Anoche volví a sentir la necesidad de conectar con ella, escuche su llamada desde mi interior. Volví a sentir ese miedo, mezcla de emociones y sentimientos, en ningún momento desconocidos. Voces, olores, colores y otras sensaciones, me llevaron hasta ella, hasta mí misma, hasta mi interior.

Recordamos momentos difíciles, pero también disfrutamos de esos momentos en los que brillaba sin ningún esfuerzo, en los que permitía que saliera su esencia, en los que se sentía única.

Recordamos también su don para escuchar, para entender más allá…

La recordamos a ella, quién supo reconocerla, sabía quien era, pero estaba demasiado dolida para orientar su camino. Ya está en paz, y seguro que orgullosa al ver nuestra evolución.

Pensamos que, en realidad no nos había ido tan mal juntas. Esos años de vida interior, de dudas, de incomprensión, de reflexión, nos han ayudado a llegar aquí, a comprender, a relativizar, a perdonar (nos).

Aquello que nos hizo vulnerables, ya pasó. Nos quedó inseguridad, culpa y desasosiego durante mucho tiempo. Ahora lo entiende, ahora lo entiendo.

De una manera u otra, lo superamos y volamos por encima. Sé que se sintió sola, incomprendida, con dificultades para integrarse en la “normalidad”, pero fíjate lo que hemos conseguido juntas, los proyectos que tenemos.

Estamos en el camino, y conseguiré comprometerme conmigo y comprometerme con ella, porque hoy sé que sí lo merecemos, y eso nos hace fuertes.

Porque la quiero y porque me quiero.

La vecina de Julieta

Hoy hablamos de muchas cosas aunque no profundizamos en ninguna de ellas. Esta es una de las estrategias de Julieta cuando pretende no tocar un tema pendiente.

Llegando al final de la sesión me dijo que le gustaría compartir conmigo la historia de una vecina a la que ella pensaba que le podrían venir bien algunas sesiones.

Me pareció que si la historia de esa vecina le había resultado interesante, quizás en su discurso, aparecieran proyecciones con las que trabajaríamos en la siguiente sesión. Así, que le di permiso para hablar de ella.

Yo la describiría como una persona triste, de esas que piensan que nadie las quiere. ¡Qué triste pensar eso, verdad! exclamó. Siempre está sola, no parece que tenga una red de amigas o familiares que le visiten a menudo. ¡Qué triste pasar desapercibida por esta vida!

¡Qué triste no tener un beso, un abrazo, una palabra de amor! ¡Qué triste ver que envejeces sola! Sin embargo, a veces, pienso que ella es feliz así, que solo sabe vivir así, en serio. Que la vida se quedó sin alegrías para ella.

¿Qué será lo que de verdad le hará libre y feliz? preguntó retóricamente. ¿Qué carga llevará su corazón, qué recuerdo doloroso que no le permite comunicarse con naturalidad? ¿Quién le diría que no debía sonreír?

¿Por qué te preocupa tanto esta vecina, Julieta? Verás, me respondió, a veces, siento el deseo de acercarme a ella, y darle un abrazo. Son los días que dedica a lavar su armadura y deja ver un trocito de su corazón, y en sus buenos días, se observa una luz diferente.

Pero, … ¿y el resto de los días?, siguió reflexionando, ¿qué puede temer? ¿Por qué ese horror a compartir su sufrimiento? ¿Quién lastimó su corazón de ese modo fatal, que tan solo quiere guardarlo? Pareciera que vive para ocultar su corazón.

A veces, me gustaría tener fuerzas para pararme y hablar con ella…pero en cuanto inicio un acercamiento, ella se aleja. Y hay días que me parece que lo voy a conseguir, y de repente me muestra un precipicio.

¿Qué sentimiento tendrá en su interior? Lo imagino como una sensación de gran vacío. Otras veces, se me ocurre que quizás cree que yo la odio, pero en el fondo la quiero, sólo que no la entiendo, y veo día tras día como rechaza cualquier acercamiento de otros vecinos, y me da rabia.

¿Qué le dirías, Julieta, si tuvieses la oportunidad de acercarte realmente a ella?

Pues…..

“Solo espero, que algún día termines de pagar el alto precio de la condena que posiblemente, tú misma te pusiste por lo que hicieras en aquel momento. Todos te han perdonado, sólo quedas tú”

JULIETA HABLA, YO ESCUCHO

¡He llegado tarde! me dijo hoy, y yo me apresuré a mirar mi reloj, a veces, las sesiones se me alargan, pero con ella me cuido de no retrasarme, sé que le gusta ser puntual, lo vive como un gesto de respeto y no lleva bien que la hagan esperar … aunque nunca me lo ha dicho.

Miré mi reloj, y volví a mirarlo, por si me había equivocado. Pero no, eran las 17.00 en punto. No entendí su comentario, pero hoy estaba como en otra dimensión. Y desde allí, me hablaba sin prestar demasiada atención a mis gestos o interrogantes.

He llegado tarde, volvió a repetir, aumentando mi confusión. Nunca creí que me ocurriría, lo había visto en tantas personas y me había prometido tantas veces, que no permitiría que me ocurriera, que mi sentimiento es más intenso si cabe.

Me había prometido tomar las medidas necesarias para darme cuenta, calcular bien los tiempos de dedicación a las diferentes áreas de mi vida y estar alerta ante los signos y las señales evidentes de que podía pasar. Y, sin embargo, no lo he visto venir, o sí lo he visto, pero no he hecho nada al respecto. Asumo, totalmente, mi parte de responsabilidad. Cuando tienes una cita con la vida, debes prever los posible imprevistos, subidas y bajadas que pueden hacer aparecer las náuseas, en representación de la rutina y la costumbre.

Este ahogo y esta agitación que traigo, son fruto de no haber previsto, los baches, los semáforos en rojo y el tráfico. Y ahora, que había conseguido entenderlo, que llegué a puerto, el barco ya ha zarpado. Y ya no vuelve, llegarán otros donde vivir experiencias nuevas, diferentes, enriquecedoras … pero… hay daño, desilusión, frustración e impotencia. Ya no… esperaba una respuesta, una reacción, una señal, como cuando echas la pastilla efervescente en el agua. Algo, aunque fuera momentáneamente y después perdiera fuerza. Eso me hubiera dado motivos, ilusión y un para qué,… pero no hubo nada, solo silencio y ahogo.

Sí, si lo sé, la teoría la domino.  No debemos hacernos expectativas. Cada cual es dueño de sus actos y las expectativas nos llevan a la frustración.

Yo aún no había hecho ninguna pregunta, ningún reencuadre, nada, sólo escuchaba atentamente, intentando entender.

Mientras, Julieta continuaba con su monólogo. Pero sabes qué, asumiré mis actos, y haré un triunfo de esta situación. No quiero valorar otras opciones en estos momentos. Quizás no era esta la historia con la que soñaba de pequeña cuando me imaginaba de mayor, pero quizás es mi aprendizaje, y me quedo con aquello que me dijiste un día. Estamos viviendo las circunstancias necesarias para crecer. Y ninguna circunstancia es mala o buena, son aprendizajes y depende de nosotros cómo los vivamos, y si los transformamos realmente en aprendizajes o nos convertimos en víctimas.

Además, pienso que, si soy capaz de resolver este laberinto del que ahora mismo me siento incapaz de salir, llegará otra oportunidad en la vida, más pronto que tarde, que dé sentido a este momento de oscuridad.

Pero, ¿Dónde has llegado tarde?, fue la pregunta que no salió de mi boca esta tarde.

Hoy Julieta no hablaba conmigo, hablaba con ella, ¿Quién soy yo para interrumpirla?

“No vamos a buscar a alguien que no desee ser hallado” es la frase a la que llevo dándole vueltas toda la noche. Quizás Julieta buscaba a alguien que no deseaba ser encontrado… o quizás, realmente llegó demasiado tarde, envuelta ya en la nebulosa de la rutina y el desencanto, y lo único que podía hacer era colocarse una prótesis en el corazón y esperar que su cuerpo no la rechazara como un agente extraño.

Julieta encuentra una puerta y la traspasa

Hoy Julieta llegó, con expresión de triunfo en su cara y le pregunté ¿qué ronda tu cabeza que te tiene tan contenta?

Anoche me sentí angustiada, me respondió. Algo presionaba mi pecho y no me dejaba descansar. Me acordé de uno de tus consejos, cogí papel y lápiz y me puse a escribir. No tenía ni idea de lo que iba a escribir, pero empezaron a llegar a mi mente fragmentos de canciones que empezaron a dar forma a una historia. Cuando terminé, y la releí me quedé tranquila, me acosté y descansé.

Te he traído el escrito porque me siento orgullosa de haber podido sacar de mi pecho esa presión y haberla transformado en palabras liberadoras.

Me entregó una hoja de papel llena de tachones, con tanta ternura y cuidado que pareciera un documento antiguo de extremado valor. Así lo recibí yo y comencé a leer.

CUANDO NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR.

Sólo quiero  volver a encontrarte y preguntarte ¿dónde has estado todo este tiempo? Yo estuve ocupada, aunque no sé muy bien en qué.

Habrá una nueva vida que aprender, cuando nos volvamos a encontrar. Ya habremos superado el calor y el ímpetu del fuego de ayer, pero quedará la calidez de las brasas que calientan hasta perecer. Volveré a ser un poco tuya y sentiremos esa energía que nos une desde antes de llegar.

Porque en la noche nos buscamos y no nos vemos, y, sin embargo, como tú no hay quien me comprenda. Tú que me arropabas todas las noches para que no sintiera frío y me cantabas una canción al oído.

Cuando amanezca, encontremos la fuerza para decirle al mundo que estamos aquí, y besarte, si es que puedo, y seguir este viaje, pero juntos.

Yo no tengo miedo, tengo un plan secreto que dudo que no nos salga, porque sigo teniendo tu mirada, porque me sigues haciendo falta, tú y tus caricias y besos cuando me despierto.

Ahora, vivido lo vivido, ya no es necesario aparentar, es momento de vivir, sin trampa ni cartón. Ya todo está dicho, ya todo está hecho y es hora de  comenzar a vivir, a vivir con mayúsculas, superadas las pruebas que nos planteó la vida. Vendrán otras aventuras, pero estaremos preparados.

Porque en esta vida, nada es un error, ni una casualidad. Esto lo hicimos entre los dos y está evolucionando, encontrándonos en el momento adecuado para dar el siguiente paso. Para todo lo demás, sólo se me ocurren excusas que ni yo misma comprendo.

Pero, me callo porque es más fácil engañarse, me callo porque le ha ganado la razón al corazón. Y guardo una vela encendida, en secreto, por si acaso un golpe de suerte quisiera que nos volviésemos a cruzar.

Un día de estos, volveremos a encontrarnos, y sigo esperando que vengas con mil canciones para mí. Ya no quiero que pase la vida esperando volverte a sentir  junto a mí y escuchar de nuevo la alegría salir de tu boca, canturreando por cualquier rincón de la casa.

Antes de que me quede sin corazón, voy a contarte lo que me pasa. Necesito recuperar los besos que nos faltan, uno a uno. No quiero darlo todo por perdido, aún no llegó la sangre al río y si no te vas, continúa habiendo un sitio para ti en mi corazón. No demos todo por perdido, mientras quede un latido en un beso que nos salve, como antes.

Aún sigo viendo esa luz en ti, pero ¿qué paso? ¿Dónde se ocultó? Nosotros que en lugar de vivir la vida hicimos una coreografía para bailarla. Nosotros que éramos los que  seremos mañana, que irradiábamos una luz que deslumbraba a todos los que admiraban esa casi mágica unión. Que desafiamos las leyes y al sistema y salimos airosos. Nosotros que hicimos un trato, que nos hicimos indivisibles, que juntos reímos y sufrimos, al final empezamos a acostumbrarnos.

Y sé que soplas fuerte para que yo pueda volar, pero yo, mientras, fabrico cometas para volar sin soltarme. Escapé contigo una vez y quiero volver a hacerlo, pero esta vez llévame muy lejos.

No me gusta sentirme ausente cuando tú vives a mi lado. Ni vivir así, como si no doliera, ahogándonos en palabras mudas. Porque dijimos para siempre, y siempre es mucho tiempo, pero hasta el final será suficiente.

Ya sé que tengo mis maneras de hacer, pero quiero hacer mi vida contigo y darte  la mejor parte de mí. Que nos quitemos la venda ya, y si abrimos los ojos, será porque queramos vernos.

Hay historias de amor que nunca terminan, corazones llenos de agujeros y nosotros coincidimos en esta vida para llegar al final. Y, aunque hay veces que voy sintiéndome sola, porque conozco mi sonrisa casi definitiva, ¡qué bonito es saber que siempre estás ahí, querer y poder confiar!

Hay una cosa que no te he dicho aún, y es que mis problemas ¿sabes?, se llaman tú, por eso me ves hacerme un poco la dura. Pero tú respetas todo lo que estoy viviendo, tan sólo para que yo crea que es cierto y eres la calma en cualquier guerra, aunque sabes que, de nuevo, te puede tocar perder.

Yo buscaba un guerrero valiente que sostuviera mis miedos, pero debía tener el corazón asegurado a todo riesgo, y tú diste dos pasos al frente. Y ahora, dime si me equivoco, o estoy en lo cierto esta vez.

Se empieza de nuevo después de tocar fondo, esperando que mañana podamos continuar escribiendo esta historia. Después de todo, llegará un buen día en el que volveremos a soñar.

Para vivir y renacer hay que inventarlo todo, y para ello ambos debemos creerlo. ¿Lo crees?

Julieta había encontrado una puerta en su corazon y la había traspasado, ¿esta carta fue entregada a alguien? Le pregunté. Aún no, me da miedo que llegue tarde.

No quiso continuar hablando de este tema y pasó a relatarme su último sueño.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

JULIETA VINO A VERME

Llegó a la consulta puntual, como todas las semanas. Siempre, antes de saludarle miraba sus ojos y la expresión de su cara y así sabía en qué momento se encontraba. Tenía momentos de ira, en los que se sentía poderosa, pero era una falsa fortaleza la que sentía, ya que se enraizaba en sentimientos de oposición, resentimiento o victimismo. Otros días, observaba una profunda tristeza en sus ojos, fruto de sueños no cumplidos, frustraciones, sentimientos de estar prisionera, de falta de libertad. Había días, en los que la bondad resaltaba en su cara como una chispa de luz resplandeciente y sentía que estaba cumpliendo con su misión en este mundo. Y, otros días, en los que su cara representaba, fielmente, la ilusión inocente de una niña que acaba de recibir un regalo esperado, y en estos días se sentía poderosa, capaz de enfrentarse a cualquier contrariedad, con recursos y feliz.

Pero, aquel día, no conseguí dilucidar qué ocurría en su interior. Su expresión era ambigua, venía pensativa y con ganas de reflexionar, así que me limité a decirle, buenas tardes, Julieta, ¿cómo te ha ido la semana?

Durante la sesión me comentó:

“Paseando ayer, vi algunos reencuentros entre personas que habían estado distanciadas debido a esta pandemia y me surgió un sentimiento de paz, que después se convirtió en preocupación y, por último, en tristeza. Esa transformación duró sólo unos segundos y el sentimiento que quedó durante el resto del día, fue una abrumadora tristeza. Pensé, y me pregunté ¿a quién saludaría yo así, a quién tengo ganas de ver?

¿Es malo no extrañar a nadie? me preguntó directamente. ¿Es triste no tener nostalgia por relacionarse con otras personas? ¿Soy emocionalmente superior por no necesitar de los demás para vivir o tengo un problema o dificultad a nivel emocional?

Pude observar sentimientos de culpa en ella, a la vez que preocupación por su probable rareza.

“Soy madre y esposa, y tengo cerca tanto a mis hijos como a mi marido, pero incluso ellos y su compañía, a veces me asfixian. Este tiempo de confinamiento, ha puesto más en evidencia una necesidad de libertad que me surge del interior y que me lleva a desear tener alas y volar. Sin embargo, cuando mi barco va a zarpar siento cómo el ancla me frena, bruscamente, y vuelvo a tierra firme”.

¿Qué hay de tus amigos, compañeros de trabajo, el resto de tu familia? Le pregunté.  “Se que están bien y eso es suficiente para mí, no tengo necesidad de hablarles o verlos, cuando lo hago es más bien pura rutina y cumplimiento del deber”. Y en esas palabras había tristeza, pero también cierto orgullo o prepotencia.

Siguió en esta línea, explicándome su deseo de llevar una vida invisible, donde nadie dependiera de ella, ni ella misma. Me contó cómo sus sueños de la infancia le asaltaban algunos días, para recordarle que seguían en la lista de cosas por hacer.  Me habló de la misión encomendada por sus ancestros, un matriarcado muy potente que tiraba de su alma, no sabía muy bien en qué dirección, pero con mucha fuerza, de historias sin resolver, de apariencias que unos días eran más reales y otros días le pesaban en su espalda.

Se sentía diferente, rara, cada vez que escuchaba a unos amigos reencontrándose o diciéndose las ganas que tenían de verse. Cuando sus familiares preparaban con ilusión el reencuentro, a veces, pensaba que fingían, que no tenían vida interior, y que por eso se mostraban superficiales. Y, a veces, se sentía superior y le gustaba esa sensación de no depender emocionalmente de ninguna otra persona. Pero… ¿era eso real?, no siempre era así. Sin embargo, aquel día era esa su realidad y se sentía fuera de la normalidad. Aunque no me quedaba claro si esto era para ella un problema o un orgullo.

En situaciones como las actuales, se presupone una forma correcta de reaccionar emocionalmente, pero las personas, a veces, no somos tan previsibles y surgen emociones diferentes en situaciones comunes. “Pero si te sales de la norma, no es bueno decirlo, no todo el mundo te entiende”, me dijo.  Y volví a ver en su expresión un cierto aire de superioridad, porque, a veces, nos gusta ser diferentes, y siendo diferentes nos sentimos superiores, quizás es por miedo a expresar emociones, por miedo al rechazo, a no sentirnos importantes para los demás… o porque la vida nos pesa.

Hay personas con una alta sensibilidad, y no todo el mundo lo entiende, desde niños hay conductas que pueden parecer exageradas pero lo exagerado es su forma de sentir. Esas personas no se sienten comprendidas, ni siquiera por las personas más cercanas. Por lo tanto, generan una conducta más o menos adaptada y consiguen que sus allegados, aun no entendiéndole, le acepten y le quieran. Pero puede aparecer en ellas, cierto sentimiento de culpa por no cumplir las expectativas, por no reaccionar como los demás, que termina mermando su interior y cada vez se vuelven más hacia dentro.

En su caso, Julieta, que pudiera estar desarrollando algún tipo de patología si la comparábamos con la media, cada vez estaba más girada hacia su interior y sólo salía con su sonrisa al exterior, en determinadas ocasiones. Paradójicamente, esto era lo que necesitaba según me dijo, al finalizar la sesión. “Volver la mirada a mi interior me devuelve una cierta brisa de libertad y en mi interior siento renacer mis alas, pero invariablemente, mis circunstancias vitales me hacen salir y cumplir un papel”. ¿Era ese su aprendizaje?

Salió de la consulta exhausta tras aquella reflexión, pero nuevamente observé ese aire de superioridad en su mirada y dudé si se sentía víctima o ganadora en este mundo loco que nos ha tocado vivir.

Y se despidió diciendo: “en realidad creo que le doy demasiadas vueltas a estas cosas, seguro que todo es más sencillo.  Nos vemos la próxima semana”. ¿Sería ella mi maestra?

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

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