TERRENO PANTANOSO

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Hoy me vais a permitir una licencia en mi blog. Voy a escribir sobre un tema polémico que quizás muchos desconocéis, una pregunta que durante muchos años me he planteado, y cuando alguien me ha contestado, no me ha gustado su respuesta: “EN REALIDAD, NO PASA NADA”.

¿Qué pasa con esos padres que abandonan a sus hijos en la Administración Pública, con esos padres a los que les son retirados sus hijos y no hacen nada por cambiar su situación?.

Si seguís mi blog, ya sabréis que apuesto por el trabajo con la familia, por el trabajo de concienciación y apoyo a aquellos padres faltos de habilidades, aquellos cuya infancia fue difícil, también, y no supieron o no pudieron hacerlo mejor, aquellos a los que les sobrepasaron las circunstancias, y por la mejora de las situaciones para facilitar una reinserción familiar, siempre que esto sea posible, pero,…

¿Qué se le dice a un niño con déficits cognitivos cuando te dice: “ECHO DE MENOS A MI FAMILIA”. ¿Qué expectativas le ofreces cuando sabes que no hay el más mínimo interés, en su familia, por cambiar las cosas?. ¿Qué le respondes cuando sabes que su familia se encuentra tranquila al saberlo cuidado y atendido y no ve la necesidad de hacer ningún esfuerzo para conseguir tener a su hijo a su lado?.

¿Qué puede aportar el mundo de las leyes, los abogados y la justicia?. Según la ley 1/1998, de 20 de abril, en el artículo 3 del título I: de los derechos a los menores:

“Los poderes públicos de Andalucía otorgarán la protección y asistencia necesaria a la familia para que pueda asumir plenamente sus responsabilidades como grupo y medio natural para el adecuado crecimiento y bienestar de los menores”.

Os diré que desde mi experiencia he podido observar que esos padres no son obligados a ejercer su obligación de padres, a mejorar sus habilidades y a reaprender a ser padres. Mientras los menores residen en centros, “ echando de menos a su familia”, su familia no encuentra motivos para colaborar con los Servicios Sociales y mejorar su vivienda, su dinámica familiar o sus prioridades, y así recuperar a sus hijos.

La Administración, protege al menor de la negligencia, del abandono, de los malos tratos, ofreciéndoles la experiencia de un centro residencial o de una familia, experiencia que no es positiva para todos. Sin embargo, no se juzga a esos padres que deciden dejar la tarea (obligación) de educar a sus hijos en manos de otros, sin sentir ningún tipo de responsabilidad al respecto.

Lo que ocurre, cuando los menores crecen es, que piensa y en algunos casos verbalizan: SI MIS PADRES SON LOS QUE NO HAN HECHO LAS COSAS BIEN, LOS QUE NO HAN SABIDO/QUERIDO/PODIDO CUIDARME, ¿POR QUÉ ESTOY YO EN EL CENTRO Y NO ELLOS?. Cómo se les explica que ellos no son los culpables de estar en el centro, cuando son ellos los que han sido retirados de su entorno, de su familia, de sus amigos, y los que tienen que enfrentarse a su mayoría de edad, antes de tiempo?.

Cuando el chico me dijo: “ECHO DE MENOS A MI FAMILIA”, sólo se me ocurrió decirle, “No te preocupes, mañana tienes visita”.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

QUITEMOS EL FOCO DE LOS PEQUEÑOS.

QUITEMOS EL FOCO DE LOS PEQUEÑOS.

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Dejemos de señalar a los niños, ellos son sólo el producto de una carga genética, más los valores, y la educación que les damos. Si tienes cerca, a un “adolescente con problemas”, piensa que esos “problemas” son reflejo de sus vivencias, de una dinámica familiar determinada, de un  estilo de relación,… .

Y por más normalizada que pienses que es tu vida, a veces, las circunstancias no  nos dejan ver nuestra parte de responsabilidad en las dificultades de nuestros hijos.

Y no se trata de desresponzabilizar al  adolescente,  ¡de ningún modo!. Ellos se harán responsables de sus actos, de sus conductas, pero sólo una vez que entiendan el porqué de éstas, sus motivaciones,sus ganancias y sus pérdidas, al respecto. Es decir, cuando sean capaces de tomar conciencia.

Nosotros nos responsabilizaremos  de  lo demás. Si te encuentras en esta  situación, te propongo que reflexiones sobre estas cuestiones:

–      ¿Qué quieres conseguir respecto a la relación con tus hijos?

Es importante comprometerse con un objetivo que te propongas tú mismo.

–      ¿Con que recursos cuentas y qué te hace falta?

Y ser capaz de pedir ayuda.

–      ¿Cómo afrontarías tus problemas de otro modo?

Reflexionar sobre otras alternativas, abrir la mente a otros modos de afrontar las dificultades.

–      ¿Qué ganarás y qué puedes perder?

–      ¿En qué complementas tú,  y en qué te complementan otros miembros de la familia?

–      ¿Qué tienes que hacer para conseguir tu propósito?

–      ¿Cómo te sientes?

Después, contacta con Vescentia, te acompaño en la visualización y la experiencia del camino hacia una convivencia feliz con tu familia.

Victoria Eugenia García  Martínez

Psicóloga y Coach

Coaching y los adolescentes conflictivos.

Lo pIMG-20140524-WA0000 (2)rimero que debemos saber es que un adolescente conflictivo lleva detrás de sí una historia familiar compleja. Y no en todos los casos se trata de una familia con escasos recursos económicos o procedentes de un entorno desfavorecido. A veces, mucha veces, nos encontramos con estratos de población, de alto nivel sociocultural y económico, con dinámicas familiares muy patológicas, que no permiten el adecuado desarrollo y evolución de la infancia. Por lo tanto, llegados a la adolescencia surgen las dificultades.

Cuál será el trabajo del coach. Se trata de hacer al adolescente responsable. Pero responsable de su vida, de sus conductas, no de la dinámica familiar en la que se ha visto envuelto desde pequeño. Es muy importante aclarar esto,  porque así evitaremos los sentimientos de culpabilidad que muchas veces la familia carga en ellos.

Llegados a un punto importante de conflictividad, el adolescente necesitará tomar conciencia de su vida, de su situación actual y decidir por sí mismo, tomar las riendas de su vida.

Por supuesto, corremos el riesgo de que el adolescente decida continuar por el camino fácil y no implicarse ni responsabilizarse de su vida,  ni de sus conductas. Pero esto, será una decisión suya, y por lo tanto, estará tomando las riendas de su vida, tras un trabajo de autoconocimiento y concienciación. Una decisión que puede no gustar a los adultos que tenga a su alrededor, pero,  al fin y al cabo,  será su decisión.

Si por el contrario, el adolescente decide buscar su propia evolución y salir de su zona de confort, lo acompañaremos en la búsqueda de su sueño, su para qué, dándole herramientas de autoevaluación y ofreciéndole un espacio de reflexión y confrontación, hasta que se sienta seguro e inicie su camino. La finalidad será que se responsabilice y se comprometa consigo mismo,  no con los demás. el compromiso con uno mismo es más difícil de adquirir, pero cuando se consigue, conlleva potentes resultados.

Vescentia puede ayudarte.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach.

¿QUÉ LE PASA A JUAN?

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JUAN

Un niño estupendo, que nunca ha mentido, con el que nunca hemos tenido problemas, un niño bueno, noble, con valores,…

Un día, de pronto, Juan comienza a mentir, se muestra desafiante, se separa de nosotros, se aisla,… .

Un día, de repente, Juan muestra ansiedad por su pasado, sus orígenes, plantea mil y una preguntas sin respuesta.

Observamos nervios,  inquietud, inseguridad, incapacidad para reconocer sus capacidades. Le hablamos y se queda en babia, no presta atención, no se concentra.

¡Bienvenida adolescencia!

Esa etapa repleta de cambios desde lo físico, hasta el razonamiento. Ese cuerpo que crece descompasado, en muchas ocasiones. Cuerpos de adultos con mentalidades inmaduras, aún.

El exterior nos confunde, somos adultos para unas cosas y niños, aún, para otras. Nos piden responsabilidades y no sentimos la seguridad de poder responder de manera adecuada.

Aparecen los miedos a no gustar, a no encajar, a equivocarnos.

Juan ha tenido una infancia difícil, se ha perdido muchas vivencias infantiles que ayudan a crecer, a madurar. Juan ha tenido que ser mayor antes de tiempo. Ha tenido que asumir responsabilidades que no le correspondían. Las  circunstancias lo obligaron a adoptar un rol adulto para el que no estaba preparado. Y ahora, con la adolescencia vuelve a revivir esos sentimientos de miedo, ansiedad por dar la talla, por responder.

Su vivencia es el fracaso, de pequeño, no fue capaz de defender a su madre y a su hermano y fue retirado de su entorno más cercano. El sentimiento de abandono le ronda en su vida. Sus vivencias le han llevado al fracaso en las relaciones con los demás, sus habilidades sociales son escasas,…

Sin embargo, la adolescencia ha llegado, y esto es el aviso de la vida adulta.  Juan se refugia en su mundo interior, por eso se queda en babia, a veces. Juan intenta volver a etapas anteriores de esa infancia frustrada y vemos en él conductas infantiles. Conductas poco acordes con ese cuerpo ya desarrollado.

Los adultos le piden madurez, responsabilidad, que sea un “hombre”. Se le exige un comportamiento adulto. Y con esto, solo conseguimos aumentar el nivel de frustración de Juan, que ve que no llega y ante las críticas, no acierta a llevar a cabo lo que le piden.

Y si, miramos el fondo de Juan, y si, potenciamos esas inquietudes y le ayudamos a buscarles respuestas. Y si, ayudamos al niño interior de Juan a encontrar su lugar.

Potenciando sus competencias, le  ayudaremos a valorarse, a sentirse capaz, a encontrar su sueño y a hacerse responsable de conseguirlo.

Y, entonces, Juan se centrará, escuchará, se responsabilizará, y podrá crecer emocionalmente sano, seguro y feliz.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

La Navidad y la adolescencia

En la tradición de las familias, se intenta, con la mejor de las intenciones, la unión en estos días de Navidad. Todo se pospone (diferencias, enfados, rencillas,…), para tener “la fiesta en paz”. ¿Qué ocurre si las diferencias no son salvables, si estuviéramos forzando una situación incómoda, obligando a aparentar normalidad, presionando a un adolescente a representar un teatro, donde todo va bien, al menos, hasta la próxima reunión familiar?

arbol_de_navidad_fondo_blanco-256_1600x1200Es importante hablar con nuestros hijos, resolver las diferencias, relativizar las conductas que tan preocupantes pueden parecernos. No dejemos nuestros problemas en manos de la Navidad, resolvámoslos y hagamos de la Navidad un momento más normalizado. Creemos nuestra Navidad familiar, afrontando la problemática existente, sin disimularla, y entonces, encontraremos la “Feliz Navidad”.

Los profesionales tenemos que ayudar a las familias a evidenciar sus dificultades, a enfrentarlas a entender que forman parte de su dinámica. Pero también debemos explicarles que si se le da la importancia adecuada, tomando consciencia de la situación, se puede plantear una posible solución, que parte de todos los miembros. Elplanteamiento compartido será la clave del éxito.

Si tienes dificultades para comprender a tu hijo adolescente, quizás sólo necesitas escucharlo y  quizás él solo necesite encontrar su sueño, su para qué, …. . Vescentia puede ayudaros.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

CAMBIOS EN LA ADOLESCENCIA

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Leyendo un artículo sobre la  Terapia  de la Aceptación y el Compromiso, he podido  confirmar algunas de mis hipótesis.

Cuando  trabajas con adolescentes hay que tener presente que  la etapa que les toca vivir, es un momento de cambios, físicos, psicológicos y emocionales. Esto les genera sentimientos de preocupación al pensar si lo que les pasa  es algo “normal” o no. (Abro un paréntesis, porque  me gusta poner la palabra “normal” entre comillas. Así describo que la normalidad es relativa).

Volviendo a la adolescencia,  es una época, en la que se dedica mucho tiempo a la apariencia física, esto está muy relacionado con el autoconcepto y la autoaceptación.

Se da también un cambio en las relaciones con los adultos,  de repente un día, al  ver un cuerpo “adulto”,  esperamos que los adolescentes actúen como adultos. Sin embargo, no han hecho más que iniciarse en el mundo adulto y aún les queda mucho camino por andar.

Los adultos podemos delegar en ellos responsabilidades para las que no están preparados. Les planteamos retos altos para competencias bajas aún. Esto favorece la frustración, la inseguridad y el bajo autoconcepto de los adolescentes, principalmente, cuando, si al no conseguir llevar a cabo la misión encomendada, reciben mensajes de incapacidad.

En la adolescencia, aparece un tipo de pensamiento diferente al de etapas  anteriores, el  pensamiento hipotético-deductivo. Este  pensamiento, permite razonar más allá de la  experiencia concreta. Los adolescentes  empiezan a interesarse por problemas que no tienen que ver con su realidad más cercana y desarrollan la capacidad crítica y los conflictos con la autoridad.

Cuando estos adolescentes,  además, han sufrido deprivación social o emocional, abandonos y/o malos tratos, ¿dónde queda  su autoconcepto?.

Es necesario dejarnos de  paternalismos  y sobreprotección, y ayudarles a enfrentar la realidad, su realidad, sin tapujos. Ayudémosles a entender que las dificultades forman parte de la experiencia compartida por la humanidad, a conseguir prestar una atención consciente a los sentimientos que nos incomodan, sin apegarse a ellos y por último a tratarse a sí mismos,  con bondad. No luchar  contra esos sentimientos, si no aprender  de ellos.

Se trata de ayudarles a encontrar sus valores, para que luchen por ellos. En esta lucha, se replantearán la importancia de esos pensamientos  negativos, que hacen que su autoconcepto se resienta.

Cuando luchamos por defender nuestros valores, encontramos fuerzas para relativizar los problemas,  encontramos la motivación y  nos hacemos fuertes, lo cual  eleva el autoconcepto  y la autoestima.

En el coaching se trabaja  también con los  valores. Desde Vescentia se parte de un  cambio de hábitos, que conlleve al  descubrimiento de nuevos talentos y esto a un cambio de valores.

 

Victoria Eugenia García Martínez.

Psicóloga y Coach

 

Niños no acogibles

NIÑOS “NO ACOGIBLES”

Quién decide la suerte de estos pequeños, quién se atreve a etiquetarlos y a condenar sus preciosas vidas, su luz, sus sueños,…, a la rigidez de una institución.
Son niños que cumplen alguno o todos de los requisitos que aquí se exponen:
– Más de 8 años.
– Familias negligentes, con pocos recursos económicos y/o personales, que siguen siendo referentes para los menores.
– Discapacidad y/o trastorno de conducta.
– Problemas de salud mental.
– Fuerte vínculo con la familia de origen.
– Historias anteriores de fracasos de acogimiento.

niñosEn algunos casos, se trata de niños que realmente,tienen una familia y no necesitan sustituirla, sólo necesitan que se lleve a cabo un trabajo multidisciplinar e integral a nivel sociofamiliar.

En estos casos, es imprescindible el acercamiento de los técnicos a las dinámicas familiares, para comprender qué falta, qué sobra y qué necesidades hay que cubrir. Pero no desde una perspectiva única de una mentalidad socialmente adecuada, sino desde el punto de vista individual y personal de cada una de las familias de estos niños.
Hay que trabajar poniendo en práctica la escucha activa, la empatía,la humildad y realizar un feedback constructivo,olvidando los prejuicios, que los empodere respecto a su situación y se sientan capaces del cambio.
En otros casos,son familias totalmente irrecuperables, desestructuradas, negligentes y abandónicas. ¿Qué alternativa se le presentan a estos niños?, ¿cómo asumir que se quedan solos en el mundo?.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

Cuando los profesionales nos empeñamos

Cuando los profesionales nos empeñamos en ver el mundo desde nuestro monóculo, a veces, obviamos la realidad de las personas atendidas.

¿Qué puede ser mejor para un niño, que vivir con sus  padres?. Veamos, desde la perspectiva de un extracto normalizado de la sociedad, la respuesta es obvia. Pero, ¿qué pasa cuando tu modelo de crianza te ha enseñado que es mejor delegar el cuidado de tus hijos a terceras personas, cuando la sociedad te deja claro  que no eres capaz de responder al rol de madre/padre que está preconcebido?. ¿Qué pasa cuando las personas responsables de tu crianza no han compartido contigo experiencias afectivas?. ¿Cómo se puede transmitir amor, si no lo hemos recibido?, ¿cómo se puede cuidar si no nos han cuidado?,… .

No podemos exigir valores (sinceridad, generosidad, afectividad,…) a quien ha  sido ultrajado como persona en su infancia y a quien, en la adolescencia, ha sentido cómo machacaban sus sueños, esos pocos sueños que podían salvar sus vidas. Cuando muchos niños y niñas sueñan con las películas de sus héroes,  con las princesas, hay quien sueña con poder salir de la seguridad que le da el maltrato que ha recibido.

Y después de esto, los profesionales nos empeñamos en evaluar habilidades y valores que esa persona nunca ha vivido, que quizás ni conozca y forzamos situaciones.

¿Qué pensarías si alguien dijese que prefiere que su hijo o su hija pueda beneficiarse de vivir con otra familia, si aceptara desaparecer de la vida de sus hijos para que estos fueran felices?. Muchos dirían, los niños le molestan, no tiene instinto maternal/paternal,….

Y si cambiamos la perspectiva, ¿Qué pasaría si te sintieras presionado para responder con ciertas  habilidades que nunca vas a conseguir,  y vieras la tristeza en los ojos de tus propios hijos, y no tuvieras respuestas a sus preguntas, y te sintieras evaluado, constantemente, y devaluado como madre o  como padre, y hubieras intentado responder, sin éxito,  a lo que los profesionales proponen como indicadores necesarios para ser un buen padre?, ¿no te rendirías, tú también?.

Y en ese momento, ser capaz de decidir que lo mejor para sus hijos es que puedan beneficiarse de otra familia, y nace en  ellos mismos la capacidad de  darles permiso a sus hijos para que les recuerden, pero que puedan iniciar una nueva vida con otras personas que puedan ofrecerles los cuidados que necesitan. los cuidados que ellos no han sabido o no han podido darles.

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Cuántos padres y madres “normalizados”, no son capaces de permitirles a sus hijos la independencia y la autonomía, aún pasados ya los 40 y habiendo formado su propia familia.

No juzguemos  desde nuestro mapa mental, permitámonos aceptar  que existen otras realidades y que existen otras opciones válidas.

¡¡¡Profesionales!!!, escuchemos a las personas que atendemos, no forcemos situaciones y no trabajemos con prejuicios. Hagamos un trabajo consecuente.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

Flores dañadas

SONY DSCA veces, cuando en las familias hay problemas en el sistema conyugal, estos problemas se filtran al sistema filial y todo se complica.

Los niños, en su infancia, ante los problemas de sus padres, se adaptan, aprovechan las situaciones, son obligados a posicionarse, pero, al principio, son controlables.

Las dificultades aparecen en la adolescencia, cuando esos niños que ya han crecido, comienzan a tener sus propios problemas personales:

– Estudios.

– Relaciones personales.

– Relaciones sentimentales.

– Búsqueda de su objetivo en la vida.

– ….

Cuando el entorno es inestable y poco seguro, los adolescentes buscan una referencia, normalmente, el grupo. Cada uno se une al grupo que piensa que pertenece y, a veces, los padres, no están de acuerdo con ese grupo, con las costumbres, con las actividades de ocio,… . Momento perfecto que consciente o inconscientemente, utilizan los adolescentes para posicionarse y demostrar que pueden llevar las riendas de sus vidas.

Sin embargo, cuando no hay unas bases establecidas, respecto a valores, vínculos, hábitos,…, todo puede empeorar.

¿Qué hacer?

Cuando encontramos una pareja y decidimos formar una familia y tener hijos, no podemos prever lo que nos deparará el futuro (conflictos, divorcios, fallecimientos, enfermedades,…). Pero si damos a nuestros hijos cariño, estabilidad, confianza y comprensión, le facilitaremos una salud emocional que les permitirá salir de cualquier atolladero.

Durante mis años de experiencia en los centros de protección, cuando llegan los adolescentes, he podido observar baja autoestima, escasas habilidades sociales, dificultades en las relaciones sociales, vínculos insanos, rencor, rabia, agresividad contenida,…

Sin embargo, a pesar de las dificultades, algunos adolescentes, cuentan con una base de valores y de salud emocional que les permite recomenzar sus vidas, aceptando y relativizando su situación. Son principalmente, situaciones de negligencia por falta de capacidad o habilidades, en muchos de estos casos hay una buena vinculación y sobretodo, existe una consciencia de la situación real.

¿Qué van a necesitar estos adolescentes?

Necesitan profesionales comprometidos, vocacionales, capaces de sentir empatía con la situación de los demás. Profesionales entregados, sin prejuicios, que entreguen su amor sin condiciones. Pero también, profesionales mental y emocionalmente sanos, capaces de establecer límites y de mantenerlos, capaces de dar a estos chicos, una estabilidad que les permita conocerse.

Conocerse y aceptarse, que es, a veces, lo más difícil, Y a partir de la aceptación, ser capaces de proponerse un objetivo y plantearse sus vidas al margen de sus circunstancias, para no cargar por siempre con una mochila cargada de los problemas de sus familiares.

Una vez que nos aceptamos, podemos elevar la autoestima, la confianza, la seguridad en uno mismo y ser capaces de tomar decisiones y aceptar responsabilidades,  iniciando un camino elegido por nosotros mismos.

En definitiva, se trata de :

– Una toma de conciencia.

– Saliendo de la zona de confort.

– Siendo capaces de decidir y aceptar las responsabilidades.

– Pasando,  por último, a la acción, fuera los miedos y las limitaciones.

Esforcémonos los profesionales por acompañar a estos jóvenes, permitiéndoles tomar sus propias decisiones. Sin prejuicios. Unos decidirán salir de su entorno, otros volver, pero  todos habrán tomado su decisión. Démosles esa LIBERTAD.

Para finalizar con Whitmore

Proactividad-Coaching“Para eliminar cualquier condicionamiento o costumbre, antes es necesario que la persona sea consciente de la existencia de determinada actitud o conducta. El segundo paso consiste en aceptar que es una respuesta condicionada. En la tercera fase, la persona está dispuesta a abandonar la conducta o actitud en cuestión. La cuarta fase, consiste en abandonar la conducta o actitud voluntariamente.” John Whitmore.
¿Cuántas veces nos sorprendemos haciendo lo mismo de siempre, respondiendo del mismo modo ante los mismos problemas, y obteniendo los mismos resultados?
Este párrafo habla de cuatro fases que voy a relacionar con cuatro momentos que tendremos que ir enfrentando si queremos plantearnos una mejora en nuestra situación:
1.- Toma de conciencia. Consiste en comprender la situación a la que nos enfrentamos, focalizarla y asimilarla.
2.- Salir de nuestra “zona de confort”. Buscando nuevas formas de actuar, alternativas diferentes que no hemos probado antes.
3.- Decisión y toma de responsabilidades. Tomamos una decisión, nos comprometemos con ella y nos responsabilizamos de ella.
4.- Olvidamos los miedos y las limitaciones y pasamos a la acción.

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