UNA EXPERIENCIA CON ADOLESCENTES

adolescentesOs cuento una de mis experiencias llevada a cabo con grupos de adolescentes que me ha resultado muy gratificante. Planteé esta experiencia, apostando por que los adolescentes y preadolescentes, tuvieran un espacio para su desarrollo personal, que les permitiera adquirir herramientas para afrontar, fortalecidos, la cantidad de decisiones que se les van a presentar en este momento de la vida de gran incertidumbre, la adolescencia. Y asimismo, fueran conscientes de sus fortalezas y debilidades, reforzando las primeras e implementando las segundas, liberando todo su potencial para incrementar al máximo sus capacidades de ejecución.

Para ello les planteé a varios grupos de jóvenes, la posibilidad de acompañarlos en la realización de los objetivos reales que se propusieran, con la finalidad de:

– Procurar un espacio de trabajo personal y/o grupal.
– Trabajar a nivel de emociones, analizando las fortalezas y debilidades.
– Fomentar el liderazgo personal de los adolescentes.
– Acompañarles en la búsqueda de su para qué.
– Orientarles en la búsqueda de alternativas.

Planteé el trabajo desde actividades enfocadas al:
– autoconocimiento
– proactividad y liderazgo
– pensamientos limitantes y miedos, emociones.
– estrategias de motivación

Como resultados obtuve:
– Mayor nivel de autoconocimiento.
– Inicio de un proyecto de vida personalizado con datos de realidad.

Os describo la experiencia:

Se trataba de mostrarles a los jóvenes, qué pueden hacer con los recursos con los que cuentan y cómo se sienten acerca de lo que pueden y/o no hacer con éstos.

Tenemos una generación de jóvenes, que puede perderse si no se replantean sus valores, sus creencias y su talento. Esta experiencia se pone en marcha a través de una metodología basada en el coaching.

Se llevaron a cabo sesiones de grupo, a través de dinámicas motivacionales, de autoconocimiento, resolución de conflictos y trabajo de las emociones. Todo bajo la metodología del coaching, utilizando las preguntas poderosas, el feedback, la escucha activa, la empatía y la intuición.

Se trabajó, en los diferentes grupos, adaptando las dinámicas a las características de cada uno:

– El conocimiento del grupo, la cohesión y la confianza, para constituirlo como herramienta de apoyo a nivel individual. Estrategias de motivación.
– El autoconocimiento: fortalezas y debilidades, (DAFO).
– Proactividad y liderazgo. Pensamientos limitantes.

En los casos que se consideró necesario se complementó el proceso con sesiones individuales.

En la evaluación de esta experiencia he podido detectar como fortalezas:
– La creación de una rutina, donde apareció un espacio para hablar de sentimientos, proponerse objetivos y analizar conductas, buscando alternativas en la actitud ante la vida que conlleva a una mejora en los resultados.
– La cohesión del grupo, en algunos momentos de necesidad de apoyo.
– La iniciación de un cambio respecto al discurso interior que nos lleva al cambio en las actitudes, conductas y resultados obtenidos.

Y como debilidades:
– La falta de un diagnóstico de los casos que hubiese permitido una selección de los participantes, en función del nivel de motivación y capacidad de compromiso.
– La necesidad de más tiempo de dedicación al grupo, que no estaba prevista.

En resumen, pude observar que los jóvenes se llevaban, un aumento en la toma de conciencia y una oportunidad para reflexionar sobre actitudes, emociones y sentimientos que después repercutirán en las reacciones que se tengan ante las diferentes circunstancias de la vida.

Interviniendo con esta metodología, con los adolescentes y preadolescentes, crearemos sociedades más justas, donde éstos, puedan desarrollarse adecuadamente y cumplir sus sueños.

Recomendaciones:

Los adolescentes, en general necesitan que se crea en ellos y que se les acompañe, sin dirigirlos, hacia la consecución de sus sueños.

Ésta es una experiencia creativa, con una metodología innovadora en la intervención social con adolescentes, que se puede llevar a cabo en muchos ámbitos, adaptándolo a las características de la población implicada y de las circunstancias que los rodeen.

Usadlo si os sirve.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

TU NUEVA VIDA EMPIEZA HOY

pajaroCuando te sientes como un pájaro en una jaula de oro, es el momento de cambiar. Si tu entorno no te permite crecer, quizás es que debes salir de él. Pregúntate ¿realmente quiero crecer?, si tu respuesta es afirmativa, ¿a qué estás esperando?. Justificaciones y excusas siempre van a existir para anclarte a tu comodidad, a tu zona de confort. Pero si de verdad sueñas con algo mejor ¡ADELANTE!.
Los miedos te acompañarán, utilízalos para mantenerte alerta, para mantener la guardia y no parar hasta conseguir tu objetivo.
¡TU NUEVA VIDA EMPIEZA HOY!

by:Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

Unas personitas invisibles

Buenas, estaréis pensando que se me han alargado demasiado las vacaciones de verano. Sin darme cuenta estamos en otoño. ¿Qué he estado haciendo?. Pues, os lo diré evolucionar crecer, resituarme, y continuar con mi trabajo de autoconocimiento. Mientras más buceo por mi mundo interior, más profundo quiero llegar y menos oxígeno necesito, ¿te pasa a ti, tainvisibles1mbién?.

En estos meses he aprendido muchas cosas que me encantará compartir con vosotros. Una de las últimas cosas ha sido cómo equilibrando mis hemisferios cerebrales, puedo aumentar mi potencial y ser más productiva. Pero de esto os hablaré más adelante.
También he comprobado aquello que me contaban en las clases de psicología evolutiva, de lo importante que es la primera infancia y cómo puede llegar a determinar nuestras vidas.

Hoy me gustaría hablaros de unas personitas invisibles. De aquellos niños y niñas que han sufrido en su infancia algún tipo de maltrato (negligencia, abusos, palizas, amenazas, insultos, vejaciones,…) por parte de las figuras que tenían que protegerles. Y quiero hablar también de esos niños niñas que alguna vez entraron en contacto con la administración y fueron tutelados porque necesitaban ser protegidos.
Aquellos, que en algunos casos fueron adoptados o acogidos, porque dada su situación era la mejor alternativa, la mejor opción.

Es posible que a medida que vaya dando detalles de las vidas de estos niños y niñas, alguien se dé por aludido y se sienta ofendido y quizás no comparta mi perspectiva. Discúlpenme, no tengo intención de molestar a nadie, pero después de más de 12 años trabajando en este ámbito, me siento con la responsabilidad de hacer visibles a esas personitas. Y al fin y al cabo, sólo es una opinión más en una sociedad libre. Así que no me lo tengan en cuenta.

En estos años, he tenido que aprender a gestionar mis frustraciones ante situaciones que me parecían totalmente injustas, en algunos casos fruto de decisiones políticas, administrativas y organizativas; y en otros casos, fruto de la incompetencia, la dejadez, la desmotivación o el síndrome de burnout de algunos profesionales.

Cuando un menor es retirado de su familia, porque las condiciones físicas y/o psicológicas que lo rodean no son las más adecuadas para su desarrollo psicológico, social y emocional, se presupone que va a recibir todo lo necesario para crecer en situación de igualdad, respecto a otros menores que se encuentran en entornos más normalizados.
Pues, no siempre es así. Os cuento, la administración cuenta con ciertos recursos para atender a estos menores desde que son retirados de sus familias. En estos recursos, habitualmente, hay profesionales comprometidos, de vocación (al menos esa es mi experiencia), profesionales que buscan con empeño, utilizando todas sus estrategias y habilidades, la mejor manera de ayudar a estos niños y niñas a comprender su situación, a aceptarla, asimilarla y dejarla estar para que no llegue a bloquear su crecimiento. El objetivo es que comprendan, perdonen y salgan adelante.

Una vez llegue su mayoría de edad, estas personitas dejarán de ser niños y niñas, para ser adultos. Pareciera que de la noche a la mañana ya no necesitaran una protección, una orientación, un techo seguro,…. Sí, es cierto que cuando se acerca el momento, esos profesionales concienciados, comienzan a exigirles en su comportamiento, en sus actitudes, lo que más tarde se van a tener que exigir ellos mismos, si pretenden buscarse un futuro digno y romper con el círculo marginal del que fueron retirados un día.

Y hasta aquí, quizas, no entenderéis mi tono algo gris. Pero, sigo avanzando, esos recursos que se les ofrecen a estos niños y niñas no son suficientes, ni siquiera aceptables. Y ésta es mi experiencia, quiero recalcar.

A ver, os planteo una cuestión, y si por tu formación estás relacionado/a con la experiencia que estoy contando, intenta olvidarte de ésta y utilizar sólo tu lógica. ¿Qué crees que puede necesitar un niño de 6, 7, 8, 9,…… años, cuando es retirado de su familia, de su entorno, de su vida,… porque mejor o peor las personas con las que crecemos son nuestros referentes, confiamos en ellos y existen sentimientos de cariño, protección, pertenencia, … , de una manera patológica quizás, pero existen.

Bueno a mí se me ocurriría:
– Apoyo psicológico, para reformular su situación, gestionar sus emociones y sentimientos, asumir su realidad, aprender a identificar el daño y ser capaces de sanarlo.
– Un número suficiente de profesionales comprometidos, que los atiendan diariamente como si no hubiese otra cosa que hacer.
– Objetividad, profesionalidad y coordinación entre todos los profesionales implicados en los casos.
– Menos política y más hechos.

Esto no siempre es así, y a los 16 o 17 años, llegan a estos recursos chicos y chicas con la vida destrozada, retirados de su familia hace años, y con un recorrido institucional de “expertos”. Y según mi experiencia, el problema no es sólo de la situación familiar de donde se le saco hace muchos años. La administración, es responsable de ese niño o niña, pero no dispone los recursos adecuados. Se me viene a la mente algo que leí no hace mucho: “En las jerarquías, normalmente, las personas que toman las decisiones, no son las que van a implementarlas”, por eso el desequilibrio, entiendo yo, de las necesidades y los recursos.

Llegados a un punto de autodestrucción, estos niños y niñas dejan de confiar en los adultos que estamos a su alrededor, comienzan a presentar aptitudes que provocan el rechazo y la ira de cualquiera que esté a su lado. Empiezan a probar las estrategias que un día aprendieron en sus familias, engaños, lealtades patológicas, manipulaciones, ….

Estas personitas invisibles necesitan un equipo de trabajo completo, comprometido, capaz de escuchar opiniones de otros profesionales que le puedan ayudar a tomar la mejor decisión.

Os recuerdo aquí, la importancia de trabajar con las familias, pero desde el empoderamiento como os comentaba en la anterior entrada. El trabajo con estos niños/niñas debe ir en paralelo y coordinado entre los profesionales que trabajan con ellos y los que trabajan o deberían trabajar con las familias.

Y ahora sí, te pido un favor, tanto si tu trabajo está relacionado con la vida de estas personitas invisibles, como si no, reflexiona sobre esto, crea tu propia opinión y compártela.

Y después piensa qué puedes hacer por esta parte de la sociedad. Mañana estos niños y niñas convivirán con nuestros hijos, con nuestros sobrinos, … .

Yo por mi parte, y os comparto por si os sirve, siempre que puedo intento ayudarles a que hagan una toma de conciencia, se planteen un objetivo, valoren las opciones y planifiquen un plan de acción que les sirva para evolucionar de la mejor manera utilizando todo su potencial. A veces, están receptivos y otras veces no. Pero, cuando les queda un poco de paciencia aún, y son capaces de confiar, consiguen salir adelante, desarrollando su capacidad de resiliencia. Y la gratificación para el profesional, no tiene precio.

Muchas gracias por vuestra atención.

Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach

LA INTERVENCIÓN SOCIAL A DEBATE.

debateLlevo varias semanas intentando montar un puzle que tengo en mi cabeza. Las piezas son mi experiencia, mi aprendizaje, mi percepción de las cosas y la opinión de los demás.

He tenido la suerte de compartir mis inquietudes con diferentes profesionales, y es por eso que me lanzo a publicar estos pensamientos.

Tras varios años trabajando en la intervención psicosocial, siento la responsabilidad de hacer un poco de autocrítica y plantear alternativas.

Los profesionales que trabajamos en el ámbito social, y hablo de todas las disciplinas implicadas, tendemos a infravalorarnos, a no poner en valor nuestras funciones  y nuestros logros.

En muchos casos, los profesionales de la intervención social, dependen de las administraciones,  de manera directa o indirecta. Por este motivo, se sienten maniatados a la hora de tener iniciativas y tomar decisiones, ya que se enfrentan a una Institución Pública, tan rígida, en algunos casos, como es la Administración. Esto se debe principalmente,  a la  burocracia y a la estructura piramidal que la conforma.

El modelo de intervención social, al igual que cualquier otro, depende de una  serie de hábitos en la dinámica de intervención. John Whitmore, en su libro “Coaching, el  método para mejorar el rendimiento de las personas”, describe cuatro pasos, de los  que ya os he hablado en otra ocasión, para  un cambio en los hábitos:

1º Toma de conciencia.

2º  Aceptar que estamos en la zona de confort.

3º Decisión-Responsabilidad.

4º Acción.

Este autor  refiere, “Para eliminar cualquier condicionamiento o costumbre, en primer lugar, es necesario que la  persona sea consciente de la existencia de determinada actitud concreta. El segundo paso, consiste en aceptar que es una respuesta condicionada.  La tercera fase, es que la persona esté  dispuesta a abandonar  la  conducta o actitud en cuestión  (responsabilidad). Y el  último paso, consiste en abandonar la conducta o actitud, voluntariamente.”

Podemos utilizar estos cuatro pasos para cambiar  hábitos negativos,  ya  instaurados  en los profesionales  de la intervención social. Se trata del empoderamiento y la puesta en valor de  éstos.

Un profesional empoderado, es un profesional  con iniciativa, sin miedos, implicado en su trabajo,… .  Las características anteriores, reducen el impacto del desgaste profesional, para lo que es necesario crear espacios de destensión y talleres dirigidos o semidirigidos donde estos profesionales tuvieran un lugar para compartir dificultades y posibles soluciones.

Sin embargo, este planteamiento, conllevaría un cambio en el planteamiento de los Servicios  Sociales,  en general. El objetivo  sería,  transmitir desde los profesionales a las  familias,  esta idea de empoderamiento que ellos mismos hubieran podido experimentar. Se trata de abandonar de una vez por todas,  la beneficencia en la intervención social, de hacer a la familias, protagonistas de su verdadero cambio y  responsables de su toma de decisiones.

Esto, descargaría a los profesionales de responsabilidades que no les  tocan realmente, y que asumen  desde la perspectiva de la sobreprotección. Cuando trabajamos desde esta perspectiva, nos olvidamos que de esta forma sólo conseguimos hacer  a los usuarios, cada vez más  dependientes del sistema y aumentamos su sentimiento de incapacidad.

Las grandes  empresas, utilizan técnicas innovadoras para  desarrollarse y salir adelante. En empresas conocidas por todos, como Apple,  son líderes en su sector,  por trabajar desde un nuevo enfoque. ¿Por qué desde la intervención social, no innovamos  y lideramos desde otra perspectiva?.

Si no estamos contentos  con el funcionamiento,  ¿por qué no actuamos?. Y no hablo de manifestaciones multitudinarias, hablo de un cambio desde  la acción, un cambio en nuestra forma de percibir la intervención social, un cambio que empezará cuando nosotros mismos nos lo creamos y consigamos que nuestros usuarios vean y perciban la intervención social como lo que es, un instrumento de apoyo  para ellos,  y que  aprendan a utilizarlo. Después la idea se  irá transmitiendo de unos a otros, y llegará  el cambio.

No  hace mucho, por accidente, asistí a una reunión  con profesionales de la intervención social de distintos ámbitos, ¿sabéis lo que pude  percibir?,  conformismo, miedo al cambio y frustración. Pero tras  un análisis más  profundo, pude ver profesionales competentes, con un gran potencial y vocación, con instintos adormecidos que sólo necesitaban un líder firme y seguro que les diera la fortaleza de iniciar el cambio.

Mi nuevo proyecto es hacer llegar  esta idea a todos los profesionales de la intervención social.  Si estás de acuerdo, contribuye difundiéndola por las redes.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

SE OLVIDÓ DE SOÑAR

MARGArita
Desde pequeña se podía observar su actitud, era una niña con un alto potencial, con mucha fuerza interior, se educó en una familia acomodada, que le permitió un buen nivel de vida, unos estudios y una estimulación adecuada para desarrollar todo ese potencial.
Y así lo hizo, se licenció, encontró un buen trabajo, y cumplió con el encargo familiar, se casó y tuvo sus hijos.
Habiendo llegado a este punto, sentía cubiertas sus necesidades básicas, económicas y de afectividad, pero….
Algo fallaba, por qué no era feliz. Su vida transcurría en un ir y venir, del trabajo a su casa, de su casa al colegio de los niños, las actividades extraescolares, los compromisos sociales los fines de semana, los compromisos familiares en vacaciones,…. Una rutina que la acaparaba y la asfixiaba sin compasión.
Un día, cuando despertó su hijo pequeño, le contó un sueño que había tenido y le preguntó “mamá, ¿qué has soñado hoy?”.
Fue entonces cuando se dio cuenta, ya sabía lo que ocurría, estaba tan entregada a su trabajo, a su familia, a sus amigos, terminaba tan cansada cada noche, que se había olvidado de soñar.
Cuando somos pequeños, soñamos cómo será nuestra vida adulta, y a medida que vamos cumpliendo sueños, aparecen otros nuevos. Sin embargo, cuando nos enredamos con los hilos de la rutina, dejamos de crear nuevos sueños y sin darnos cuenta, nuestra luz se apaga y nuestra energía se agota.
Ella se dio cuenta de que todo a su alrededor iba bien, funcionaba, pero y su interior, desmembrado, agrietado, envejecido,….
¿Qué hacer en estas circunstancias?
Una vez que había dado el primer paso, la toma de conciencia, avanzó un poco más, se planteó un objetivo, complementar su formación. Hace tiempo que se sentía estancada a nivel profesional, con un reciclaje a nivel formativo, se sentiría más segura a la hora de innovar o de hacer nuevas propuestas en su empresa. Y por qué no, dedicar unas horas a la meditación, el gimnasio o cualquier otra actividad que la hiciera sentir sana en cuerpo y mente.
Cogió fuerzas y adquirió un compromiso con ella misma, éste es el verdadero compromiso, el que se adquiere con lo que cada uno quiere, y no con lo que te obligan a hacer.
Se planteó su para qué, sentía que estaba perdiendo a la niña que vivía en su interior.
Aprendió a reconocer cuáles eran los recursos con los que contaba y los apoyos que necesitaba.
Reflexionó, tranquilamente, sobre las diferentes alternativas que existían. Valoró las posibles ganancias y pérdidas, si llevaba a cabo esta iniciativa.
Buscó antiguos contactos que podían ayudarle y retomó viejas amistades. Se planteó el impacto que generaría en su entorno y cómo su entorno le facilitaría o dificultaría.
Planificó los diferentes pasos para conseguir llegar a su meta, y…
… se sintió una niña de nuevo, se sintió fuerte, segura, decidida y encontró el apoyo que necesitaba para impulsarse y comenzar una nueva aventura. A partir de ese momento, todas las mañanas conversaba con sus hijos y compartía sus sueños, cada uno de los pasos que le llevarían a su meta.

¿TE ATREVES A INICIAR TU PROCESO? TE ACOMPAÑO.
Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach

EMPODERAMIENTO

libertad-mariposaHoy quiero desarrollaros el concepto de empoderamiento. Según la RAE, empoderar significa hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido.
Cuando un niño, con una infancia difícil, por la negligencia en la que ha crecido, no es consciente de haber sufrido ningún tipo de maltrato y conserva unos fuertes vínculo con su familia, con sus orígenes, ¿qué hacemos?.
Os doy más datos, realmente, de una u otra manera se ha sentido y se siente querido y existen unos fuertes lazos familiares. Respecto a la familia, contamos con un alto nivel afectivo, baja capacidad para expresarlo, nulas habilidades educativas o de cuidado y total desconocimiento de las necesidades evolutivas de un niño. Sin embargo, mantienen una constancia respecto a su presencia con sus hijos y una necesidad de ayuda constante, al sentirse, continuamente, dependiente de los Servicios Sociales Comunitarios y de los profesionales de las administraciones.
Cuando tienes que trabajar en estas condiciones por la mejora de la situación familiar, por el cambio de dinámicas, y la búsqueda y/o descubrimiento de otros modos de relacionarse, aparece la necesidad de empoderamiento.
Y quiero enfocarlo desde una perspectiva de familia, empoderamiento familiar o incluso parental. Si un día llega alguien y te dice que todo lo que has hecho con tus hijos, hasta ese día, está mal, que les estás haciendo daño y que por ese motivo se los van a llevar a otro lugar donde sí que saben cuidarlos, ¿qué harías?.
Cuando lo pienso, detenidamente, se me viene a la mente, la indefensión de esas personas. Con sus vivencias, con su educación y con su experiencia lo han hecho como mejor han sabido y ahora,… todo se desvanece, ¿está mal?, ¿y cómo se hace?.
En ese momento, aparecen profesionales que te explican cómo se hace, te ayudan a mantener unos mínimos, pero después se marchan y vuelven a ganar la partida la experiencia previa y los propios valores.
Es aquí donde hay que intervenir, en las personas, no en sus acciones. Un cambio interno, les llevará a un cambio en sus conductas, en sus pensamientos, a una evolución.
¿Cómo?
Acercándonos a ellos desde la empatía y desde la comprensión, no desde el enjuiciamiento. Conversando y teniendo en cuenta su situación y sus experiencias adversas que les han llevado a un modo determinado de responder a las dificultades que a todos nos plantea la vida.
Ayudándoles a ver que lo más importante es su implicación y compromiso, que son dueños de sus vidas, a pesar de las circunstancias.
Ayudándoles a desarrollar habilidades para reconocer y movilizar sus recursos internos y externos o para obtener recursos nuevos.
Trabajando su resiliencia, su capacidad para salir fortalecidos de las circunstancias adversas del momento, obteniendo de dicha experiencia, nuevos recursos para afrontar futuras dificultades.
Empoderándolos, haciéndoles sentirse capaces, fuertes, poderosos e importantes en la vida de sus hijos. Protagonistas, al fin y al cabo de su vida y de la de sus hijos.


Victoria Eugenia García Martínez.
Psicóloga y Coach.

SER FELIZ

Como ya sabéis los que me leéis, trabajo con adolescentes. Intento hacer mi función de psicóloga, enriqueciéndola con estrategias de coaching, sobretodo, con aquellos que ven cercana su mayoría de edad.
Como ya he comentado, en otras ocasiones, comparto la idea de no utilizar el paternalismo con estos chicos. Más si cabe, si han tenido una infancia difícil y se les plantea un futuro incierto.

Un día, una chica me comentó que se sentía insegura, que no se sentía capaz de luchar para conseguir su objetivo (ser independiente, terminar su formación, buscar trabajo y ser feliz).
Ante esta situación, le plantee hacer una toma de conciencia, utilizando la herramienta del GROW.
– G: GOAL, ¿qué quieres hacer? Le pregunté.
Comenzó con un discurso victimista sobre su pasado, sobre su mala suerte, la que siempre le había acompañado,… . A través del feedback y las preguntas, fue reflexionando sobre la siguiente idea: “es necesario posicionarse en la realidad, no avanzamos si nos centramos en el pasado”.
Después, comenzó a contarme que le gustaría “ser normal”, y con esto, se refería a no sentirse diferente a sus compañeros del instituto, a tener una familia que la quisiera,… .
– R: REALITY, ¿Cuál es tu situación actual?, le pregunté después.
Y me relató, muy claramente, su situación. Voy a cumplir 18 años, sé que no puedo contar con mis padres porque en 10 años que llevo de un centro de protección a otro, no han sabido ser referentes para mí. Ahora, en este momento de mi vida, no les voy a pedir nada más, como alguien me dijo un día, los he comprendido y los he perdonado, pero volver con ellos después de tanto tiempo, sabiendo que nada ha cambiado, no puede ser mi futuro.

– O: OPCIONES, ¿qué opciones tienes? Volví a preguntar.
Pues, tengo la posibilidad de aceptar la ayuda de mis tíos o arriesgarme y aceptar ese programa para la mayoría de edad que me ofrecéis.
Sé que si hago esto último, mis padres sentirán mi rechazo y no van a entender mi decisión, o quizás, no les importe, no estoy segura. Y mis tíos, puede que también me consideren una desagradecida, pero sé que me entenderán cuando hable con ellos, y podré contar con su apoyo cuando tenga la necesidad. Pero,… tengo que tomar una decisión y luchar por ella.
– W: WILL, ¿Qué vas a hacer, entonces? Y sobretodo, ¿cuándo vas a hacerlo?, le interrogué.
Creo que voy a acudir a la primera entrevista de ese programa que me planteáis. Voy a hablar con mis padres, aunque no me entiendan, necesito explicarles mi decisión. Después voy a hablar con mis tíos, necesitaré prepararme para este encuentro, ¿me ayudarás?, ¡por supuesto!, le respondí. Lo necesitaré para hacerles ver que eso es lo que quiero y que cuento con su apoyo en esta decisión.
Y por último, voy a seguir trabajando mi autoconcepto y las estrategias de afrontamiento, para sentirme más segura y poder enfrentarme a todas las dificultades que sé que van a ir surgiendo. Pero ya he aprendido que “cada dificultad es una nueva oportunidad para evolucionar”.
Esta chica tiene 24 años, después de dos años en el recurso de apoyo que se le ofreció a su mayoría de edad, con su formación terminada, consiguió entrar como becaria en una empresa, y actualmente, trabaja y vive en un piso de alquiler, que comparte con una compañera. A esta compañera, le cuenta una y otra vez, lo importante que fue el día que decidió SER FELIZ y dejar atrás su pasado, su victimismo, sus rencores y enfados y aprendió a perdonar y a pedir ayuda.
Si tienes a un adolescente cerca, deja de edulcorarle la vida, tanto azúcar al final, amarga. Son personas como tú, en otra etapa del ciclo vital y no necesitan la protección de “ten cuidado”, “no vas a ser capaz, déjame a mí”. Sino, la protección que le das cuando le dices “adelante”, “si te caes te animaré a que lo intentes otra vez”, “toma una decisión, un objetivo y lucha por él”, “POR SER FELIZ”.
Esto es lo que se consigue con el coaching, al principio, dudaba si con adolescentes iba funcionar, a medida que lo voy aplicando en mi trabajo, cada vez me convence más.

Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach.

SER FELIZ

GALILEA


Hola, mi nombre es Galilea, tengo casi 18 años y me encuentro en un momento crucial de mi vida, he de tomar una decisión importante.
Para que entendáis de qué hablo, os voy a contar mi historia desde el principio. Con 12 años, ingresé en un centro de protección de menores. El primer día pensé que me iba a morir, no comprendía nada, no entendía los motivos por los que aquella pareja de policías, había aparecido en mi colegio y me había llevado a aquel lugar.

galilea
Al llegar, me presentaron a un montón de gente: niños, educadores, alguien a quien llamaban, la directora, y por último, a dos personas a las que llamaban el Equipo Técnico (ET, en adelante). En ese momento, no sabía lo que ese nombre significaba, pero poco a poco, los compañeros, me explicaron que se trataba de una psicóloga y una trabajadora social que podían solucionar algunas cosas, que hablaban con los niños y con sus familias y te ayudaban a mejorar tu situación.
Yo seguía sin entender nada, qué situación había que mejorar, lo único que yo quería era, volver a mi casa con mis padres.
Los días transcurrían y pasaban los meses y los años. La convivencia con el resto de los niños y niñas era agradable, con sus más y sus menos, claro!. Cada uno tenía sus historias, sus penas y alegrías, pero, en general, solíamos pasarlo bien. Los educadores, se esforzaban en enseñaros mil y una formas de afrontar nuestros problemas, nos daban afecto y disciplina, a la vez, y siempre tenían palabras reconfortantes cuando no teníamos un buen día.
Pero vuelvo sobre esas personas del ET, fui conociéndolas poco a poco, venían a nuestro centro algunos días, otros días estaban en otros centros cuidando a otros menores.
Recuerdo cuando me entrevistaron por primera vez, me hicieron muchas preguntas, terminé llorando. Pero, sobre todo, se mostraron accesibles y preocupadas por mí, por mi familia, por lo que yo quería y por lo que sentía. Hasta ese momento nadie me había tenido tan en cuenta como ellos. Sin embargo, cuando acabó la entrevista, sólo fui capaz de decir que quería volver a mi casa, claro!.
Ellos me explicaron una “palabrota” que después he escuchado muchas veces “DESAMPARO”. Resulta que, lo que yo pensaba que era normal, un padre desaparecido, una madre con escasas habilidades educativas y con dificultades para demostrar afecto, una casa en condiciones de poca habitabilidad, un alto grado de absentismo escolar y una gran confusión, en mi cabeza, entre el bien y el mal, no eran unas circunstancias idóneas para que un niño/a creciera y se desarrollara adecuadamente.
Creedme que cuando pude comparar las condiciones de mi casa, con lo que me ofrecía el centro, empecé a entender que había mejores formas de vida que la que yo había tenido hasta ese momento.
Sin embargo, ellos, el ET, hablaban con mi familia, facilitaban los encuentros con ellos y nos ayudaban, a todos, a tomar conciencia y a aceptar una situación poco reversible en esos momentos.
A lo largo de los años, el ET ha ido varias veces a mi casa, han apoyado a mi familia, y los han ayudado a mejorar sus condiciones de vida para que pudieran ofrecerme un apoyo, al menos emocional y afectivo, asumiendo sus limitaciones para hacerse cargo de la educación de un menor en todo su conjunto.
Recuerdo, cuántas veces se han sentado a explicarles los beneficios de que yo tuviera límites, disciplina, orden, rutinas,… . Y poco a poco esas ideas fueron calando en mi familia y en mí.
Me contaban también, que hablaban con otras personas, unos técnicos que trabajaban en la Administración, con los cuales se sentaban para contarles cómo iba evolucionando mi caso. Y, en ocasiones, actuaban como mediadores entre éstos y mi familia, o entre ellos y yo. Cuando mi familia o yo, les hacíamos peticiones, tras valorarlas y considerarlas adecuadas, se iban a hablar con los técnicos de la Administración y luchaban por conseguirlas (casi siempre lo lograban).
Recuerdo, también, cómo fui creciendo, acompañada de muchos profesionales, de muchas personas preocupadas por mí, pero alejada de mi familia, y eso me entristecía.
Para paliar esta situación, a medida que mi familia fue realizando algunos cambios, comenzaron a permitirnos unas relaciones más amplias, llegamos, incluso, a conseguir pasar algún que otro fin de semana juntos, en mi casa. Mi casa había mejorado considerablemente, con el paso de los años y las orientaciones del ET. Pasábamos, también algunos periodos vacacionales y días festivos juntos, pero luego tenía que volver al centro. Si os soy completamente sincera, hubo un momento que entendí, que por más que quisiera a mi familia y deseara volver a mi casa, ellos no podían ofrecerme lo que yo necesitaba. Y aprendí a valorar el esfuerzo de mi familia por mejorar su situación, y a no juzgarles, ni reprocharles su falta de habilidades. Aprendí a valorar lo que tenía, una familia que me quería y unos profesionales que me estaban sirviendo de sustento y cubriendo todo lo que mi familia no podía darme.
Aprendí a ser feliz y a sentirme afortunada porque un día, la policía me llevara a un centro.
Vi a compañeros más pequeños, que fueron adoptados, otros mantenían relaciones con familias diferentes a las suyas, pero ese no fue mi caso.
¿Que si me hubiese gustado tener la oportunidad de conocer a otras familias?, pues no lo sé, tal vez, por lo que contaban los compañeros, parecía una experiencia positiva, pero, no sé, tal vez por mi edad, o por mi carácter, o por circunstancias que yo no controlaba, no pude acceder a ese recurso.
Ahora echando la vista hacia atrás, agradezco todo lo que hicieron por mí, cuantas personas pasaron por mi vida durante esos años que viví en un centro. Y a pesar de los momentos difíciles, sé que he aprendido y que he madurado más que cualquier otro niño de mi edad. Y eso lo llevo ganado en mi desarrollo personal.
He aprendido a expresar mis emociones, a defender mis derechos, a tener unos hábitos de vida adecuados, a mantener relaciones positivas con los demás, a convivir y a aceptar las diferencias de los otros. Muchas gracias.
Y ahora, volviendo al principio de esta historia, es el momento de decidir. No me da miedo, porque sé que voy a decidir con conciencia y con herramientas suficientes.
Me queda un mes para mi mayoría de edad, el ET, me ha hablado de un recurso que me puede facilitar mi emancipación, un recurso orientado a mi futura vida como adulta.
He hablado con mi familia, podría volver con ellos. Aunque la situación no ha cambiado mucho, hay cosas que han mejorado, y podría adaptarme. A veces, pienso que ellos son mis raíces y que los estaría traicionándolos si no volviera con ellos, ahora que la decisión es mía. Pero, otras veces, pienso que tengo un horizonte ante mí, y que puedo hacer cosas diferentes, para las que necesito un entorno más ordenado, con personas que me orienten en este mundo de adultos que se me viene encima, y que, a pesar de los recursos con los que cuento, me hace sentir pequeñita.
Así que tengo que decidir, entre volver a mi entorno, asumir mi posición en mi familia y mantener un rol predeterminado o reinventarme, evolucionar, crecer y arriesgarme. ¿TÚ QUÉ HARÍAS?.

Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach.

TERRENO PANTANOSO

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Hoy me vais a permitir una licencia en mi blog. Voy a escribir sobre un tema polémico que quizás muchos desconocéis, una pregunta que durante muchos años me he planteado, y cuando alguien me ha contestado, no me ha gustado su respuesta: “EN REALIDAD, NO PASA NADA”.

¿Qué pasa con esos padres que abandonan a sus hijos en la Administración Pública, con esos padres a los que les son retirados sus hijos y no hacen nada por cambiar su situación?.

Si seguís mi blog, ya sabréis que apuesto por el trabajo con la familia, por el trabajo de concienciación y apoyo a aquellos padres faltos de habilidades, aquellos cuya infancia fue difícil, también, y no supieron o no pudieron hacerlo mejor, aquellos a los que les sobrepasaron las circunstancias, y por la mejora de las situaciones para facilitar una reinserción familiar, siempre que esto sea posible, pero,…

¿Qué se le dice a un niño con déficits cognitivos cuando te dice: “ECHO DE MENOS A MI FAMILIA”. ¿Qué expectativas le ofreces cuando sabes que no hay el más mínimo interés, en su familia, por cambiar las cosas?. ¿Qué le respondes cuando sabes que su familia se encuentra tranquila al saberlo cuidado y atendido y no ve la necesidad de hacer ningún esfuerzo para conseguir tener a su hijo a su lado?.

¿Qué puede aportar el mundo de las leyes, los abogados y la justicia?. Según la ley 1/1998, de 20 de abril, en el artículo 3 del título I: de los derechos a los menores:

“Los poderes públicos de Andalucía otorgarán la protección y asistencia necesaria a la familia para que pueda asumir plenamente sus responsabilidades como grupo y medio natural para el adecuado crecimiento y bienestar de los menores”.

Os diré que desde mi experiencia he podido observar que esos padres no son obligados a ejercer su obligación de padres, a mejorar sus habilidades y a reaprender a ser padres. Mientras los menores residen en centros, “ echando de menos a su familia”, su familia no encuentra motivos para colaborar con los Servicios Sociales y mejorar su vivienda, su dinámica familiar o sus prioridades, y así recuperar a sus hijos.

La Administración, protege al menor de la negligencia, del abandono, de los malos tratos, ofreciéndoles la experiencia de un centro residencial o de una familia, experiencia que no es positiva para todos. Sin embargo, no se juzga a esos padres que deciden dejar la tarea (obligación) de educar a sus hijos en manos de otros, sin sentir ningún tipo de responsabilidad al respecto.

Lo que ocurre, cuando los menores crecen es, que piensa y en algunos casos verbalizan: SI MIS PADRES SON LOS QUE NO HAN HECHO LAS COSAS BIEN, LOS QUE NO HAN SABIDO/QUERIDO/PODIDO CUIDARME, ¿POR QUÉ ESTOY YO EN EL CENTRO Y NO ELLOS?. Cómo se les explica que ellos no son los culpables de estar en el centro, cuando son ellos los que han sido retirados de su entorno, de su familia, de sus amigos, y los que tienen que enfrentarse a su mayoría de edad, antes de tiempo?.

Cuando el chico me dijo: “ECHO DE MENOS A MI FAMILIA”, sólo se me ocurrió decirle, “No te preocupes, mañana tienes visita”.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

QUITEMOS EL FOCO DE LOS PEQUEÑOS.

QUITEMOS EL FOCO DE LOS PEQUEÑOS.

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Dejemos de señalar a los niños, ellos son sólo el producto de una carga genética, más los valores, y la educación que les damos. Si tienes cerca, a un “adolescente con problemas”, piensa que esos “problemas” son reflejo de sus vivencias, de una dinámica familiar determinada, de un  estilo de relación,… .

Y por más normalizada que pienses que es tu vida, a veces, las circunstancias no  nos dejan ver nuestra parte de responsabilidad en las dificultades de nuestros hijos.

Y no se trata de desresponzabilizar al  adolescente,  ¡de ningún modo!. Ellos se harán responsables de sus actos, de sus conductas, pero sólo una vez que entiendan el porqué de éstas, sus motivaciones,sus ganancias y sus pérdidas, al respecto. Es decir, cuando sean capaces de tomar conciencia.

Nosotros nos responsabilizaremos  de  lo demás. Si te encuentras en esta  situación, te propongo que reflexiones sobre estas cuestiones:

–      ¿Qué quieres conseguir respecto a la relación con tus hijos?

Es importante comprometerse con un objetivo que te propongas tú mismo.

–      ¿Con que recursos cuentas y qué te hace falta?

Y ser capaz de pedir ayuda.

–      ¿Cómo afrontarías tus problemas de otro modo?

Reflexionar sobre otras alternativas, abrir la mente a otros modos de afrontar las dificultades.

–      ¿Qué ganarás y qué puedes perder?

–      ¿En qué complementas tú,  y en qué te complementan otros miembros de la familia?

–      ¿Qué tienes que hacer para conseguir tu propósito?

–      ¿Cómo te sientes?

Después, contacta con Vescentia, te acompaño en la visualización y la experiencia del camino hacia una convivencia feliz con tu familia.

Victoria Eugenia García  Martínez

Psicóloga y Coach

Coaching y los adolescentes conflictivos.

Lo pIMG-20140524-WA0000 (2)rimero que debemos saber es que un adolescente conflictivo lleva detrás de sí una historia familiar compleja. Y no en todos los casos se trata de una familia con escasos recursos económicos o procedentes de un entorno desfavorecido. A veces, mucha veces, nos encontramos con estratos de población, de alto nivel sociocultural y económico, con dinámicas familiares muy patológicas, que no permiten el adecuado desarrollo y evolución de la infancia. Por lo tanto, llegados a la adolescencia surgen las dificultades.

Cuál será el trabajo del coach. Se trata de hacer al adolescente responsable. Pero responsable de su vida, de sus conductas, no de la dinámica familiar en la que se ha visto envuelto desde pequeño. Es muy importante aclarar esto,  porque así evitaremos los sentimientos de culpabilidad que muchas veces la familia carga en ellos.

Llegados a un punto importante de conflictividad, el adolescente necesitará tomar conciencia de su vida, de su situación actual y decidir por sí mismo, tomar las riendas de su vida.

Por supuesto, corremos el riesgo de que el adolescente decida continuar por el camino fácil y no implicarse ni responsabilizarse de su vida,  ni de sus conductas. Pero esto, será una decisión suya, y por lo tanto, estará tomando las riendas de su vida, tras un trabajo de autoconocimiento y concienciación. Una decisión que puede no gustar a los adultos que tenga a su alrededor, pero,  al fin y al cabo,  será su decisión.

Si por el contrario, el adolescente decide buscar su propia evolución y salir de su zona de confort, lo acompañaremos en la búsqueda de su sueño, su para qué, dándole herramientas de autoevaluación y ofreciéndole un espacio de reflexión y confrontación, hasta que se sienta seguro e inicie su camino. La finalidad será que se responsabilice y se comprometa consigo mismo,  no con los demás. el compromiso con uno mismo es más difícil de adquirir, pero cuando se consigue, conlleva potentes resultados.

Vescentia puede ayudarte.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach.

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