SE OLVIDÓ DE SOÑAR

MARGArita
Desde pequeña se podía observar su actitud, era una niña con un alto potencial, con mucha fuerza interior, se educó en una familia acomodada, que le permitió un buen nivel de vida, unos estudios y una estimulación adecuada para desarrollar todo ese potencial.
Y así lo hizo, se licenció, encontró un buen trabajo, y cumplió con el encargo familiar, se casó y tuvo sus hijos.
Habiendo llegado a este punto, sentía cubiertas sus necesidades básicas, económicas y de afectividad, pero….
Algo fallaba, por qué no era feliz. Su vida transcurría en un ir y venir, del trabajo a su casa, de su casa al colegio de los niños, las actividades extraescolares, los compromisos sociales los fines de semana, los compromisos familiares en vacaciones,…. Una rutina que la acaparaba y la asfixiaba sin compasión.
Un día, cuando despertó su hijo pequeño, le contó un sueño que había tenido y le preguntó “mamá, ¿qué has soñado hoy?”.
Fue entonces cuando se dio cuenta, ya sabía lo que ocurría, estaba tan entregada a su trabajo, a su familia, a sus amigos, terminaba tan cansada cada noche, que se había olvidado de soñar.
Cuando somos pequeños, soñamos cómo será nuestra vida adulta, y a medida que vamos cumpliendo sueños, aparecen otros nuevos. Sin embargo, cuando nos enredamos con los hilos de la rutina, dejamos de crear nuevos sueños y sin darnos cuenta, nuestra luz se apaga y nuestra energía se agota.
Ella se dio cuenta de que todo a su alrededor iba bien, funcionaba, pero y su interior, desmembrado, agrietado, envejecido,….
¿Qué hacer en estas circunstancias?
Una vez que había dado el primer paso, la toma de conciencia, avanzó un poco más, se planteó un objetivo, complementar su formación. Hace tiempo que se sentía estancada a nivel profesional, con un reciclaje a nivel formativo, se sentiría más segura a la hora de innovar o de hacer nuevas propuestas en su empresa. Y por qué no, dedicar unas horas a la meditación, el gimnasio o cualquier otra actividad que la hiciera sentir sana en cuerpo y mente.
Cogió fuerzas y adquirió un compromiso con ella misma, éste es el verdadero compromiso, el que se adquiere con lo que cada uno quiere, y no con lo que te obligan a hacer.
Se planteó su para qué, sentía que estaba perdiendo a la niña que vivía en su interior.
Aprendió a reconocer cuáles eran los recursos con los que contaba y los apoyos que necesitaba.
Reflexionó, tranquilamente, sobre las diferentes alternativas que existían. Valoró las posibles ganancias y pérdidas, si llevaba a cabo esta iniciativa.
Buscó antiguos contactos que podían ayudarle y retomó viejas amistades. Se planteó el impacto que generaría en su entorno y cómo su entorno le facilitaría o dificultaría.
Planificó los diferentes pasos para conseguir llegar a su meta, y…
… se sintió una niña de nuevo, se sintió fuerte, segura, decidida y encontró el apoyo que necesitaba para impulsarse y comenzar una nueva aventura. A partir de ese momento, todas las mañanas conversaba con sus hijos y compartía sus sueños, cada uno de los pasos que le llevarían a su meta.

¿TE ATREVES A INICIAR TU PROCESO? TE ACOMPAÑO.
Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach

EMPODERAMIENTO

libertad-mariposaHoy quiero desarrollaros el concepto de empoderamiento. Según la RAE, empoderar significa hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido.
Cuando un niño, con una infancia difícil, por la negligencia en la que ha crecido, no es consciente de haber sufrido ningún tipo de maltrato y conserva unos fuertes vínculo con su familia, con sus orígenes, ¿qué hacemos?.
Os doy más datos, realmente, de una u otra manera se ha sentido y se siente querido y existen unos fuertes lazos familiares. Respecto a la familia, contamos con un alto nivel afectivo, baja capacidad para expresarlo, nulas habilidades educativas o de cuidado y total desconocimiento de las necesidades evolutivas de un niño. Sin embargo, mantienen una constancia respecto a su presencia con sus hijos y una necesidad de ayuda constante, al sentirse, continuamente, dependiente de los Servicios Sociales Comunitarios y de los profesionales de las administraciones.
Cuando tienes que trabajar en estas condiciones por la mejora de la situación familiar, por el cambio de dinámicas, y la búsqueda y/o descubrimiento de otros modos de relacionarse, aparece la necesidad de empoderamiento.
Y quiero enfocarlo desde una perspectiva de familia, empoderamiento familiar o incluso parental. Si un día llega alguien y te dice que todo lo que has hecho con tus hijos, hasta ese día, está mal, que les estás haciendo daño y que por ese motivo se los van a llevar a otro lugar donde sí que saben cuidarlos, ¿qué harías?.
Cuando lo pienso, detenidamente, se me viene a la mente, la indefensión de esas personas. Con sus vivencias, con su educación y con su experiencia lo han hecho como mejor han sabido y ahora,… todo se desvanece, ¿está mal?, ¿y cómo se hace?.
En ese momento, aparecen profesionales que te explican cómo se hace, te ayudan a mantener unos mínimos, pero después se marchan y vuelven a ganar la partida la experiencia previa y los propios valores.
Es aquí donde hay que intervenir, en las personas, no en sus acciones. Un cambio interno, les llevará a un cambio en sus conductas, en sus pensamientos, a una evolución.
¿Cómo?
Acercándonos a ellos desde la empatía y desde la comprensión, no desde el enjuiciamiento. Conversando y teniendo en cuenta su situación y sus experiencias adversas que les han llevado a un modo determinado de responder a las dificultades que a todos nos plantea la vida.
Ayudándoles a ver que lo más importante es su implicación y compromiso, que son dueños de sus vidas, a pesar de las circunstancias.
Ayudándoles a desarrollar habilidades para reconocer y movilizar sus recursos internos y externos o para obtener recursos nuevos.
Trabajando su resiliencia, su capacidad para salir fortalecidos de las circunstancias adversas del momento, obteniendo de dicha experiencia, nuevos recursos para afrontar futuras dificultades.
Empoderándolos, haciéndoles sentirse capaces, fuertes, poderosos e importantes en la vida de sus hijos. Protagonistas, al fin y al cabo de su vida y de la de sus hijos.


Victoria Eugenia García Martínez.
Psicóloga y Coach.

SER FELIZ

Como ya sabéis los que me leéis, trabajo con adolescentes. Intento hacer mi función de psicóloga, enriqueciéndola con estrategias de coaching, sobretodo, con aquellos que ven cercana su mayoría de edad.
Como ya he comentado, en otras ocasiones, comparto la idea de no utilizar el paternalismo con estos chicos. Más si cabe, si han tenido una infancia difícil y se les plantea un futuro incierto.

Un día, una chica me comentó que se sentía insegura, que no se sentía capaz de luchar para conseguir su objetivo (ser independiente, terminar su formación, buscar trabajo y ser feliz).
Ante esta situación, le plantee hacer una toma de conciencia, utilizando la herramienta del GROW.
– G: GOAL, ¿qué quieres hacer? Le pregunté.
Comenzó con un discurso victimista sobre su pasado, sobre su mala suerte, la que siempre le había acompañado,… . A través del feedback y las preguntas, fue reflexionando sobre la siguiente idea: “es necesario posicionarse en la realidad, no avanzamos si nos centramos en el pasado”.
Después, comenzó a contarme que le gustaría “ser normal”, y con esto, se refería a no sentirse diferente a sus compañeros del instituto, a tener una familia que la quisiera,… .
– R: REALITY, ¿Cuál es tu situación actual?, le pregunté después.
Y me relató, muy claramente, su situación. Voy a cumplir 18 años, sé que no puedo contar con mis padres porque en 10 años que llevo de un centro de protección a otro, no han sabido ser referentes para mí. Ahora, en este momento de mi vida, no les voy a pedir nada más, como alguien me dijo un día, los he comprendido y los he perdonado, pero volver con ellos después de tanto tiempo, sabiendo que nada ha cambiado, no puede ser mi futuro.

– O: OPCIONES, ¿qué opciones tienes? Volví a preguntar.
Pues, tengo la posibilidad de aceptar la ayuda de mis tíos o arriesgarme y aceptar ese programa para la mayoría de edad que me ofrecéis.
Sé que si hago esto último, mis padres sentirán mi rechazo y no van a entender mi decisión, o quizás, no les importe, no estoy segura. Y mis tíos, puede que también me consideren una desagradecida, pero sé que me entenderán cuando hable con ellos, y podré contar con su apoyo cuando tenga la necesidad. Pero,… tengo que tomar una decisión y luchar por ella.
– W: WILL, ¿Qué vas a hacer, entonces? Y sobretodo, ¿cuándo vas a hacerlo?, le interrogué.
Creo que voy a acudir a la primera entrevista de ese programa que me planteáis. Voy a hablar con mis padres, aunque no me entiendan, necesito explicarles mi decisión. Después voy a hablar con mis tíos, necesitaré prepararme para este encuentro, ¿me ayudarás?, ¡por supuesto!, le respondí. Lo necesitaré para hacerles ver que eso es lo que quiero y que cuento con su apoyo en esta decisión.
Y por último, voy a seguir trabajando mi autoconcepto y las estrategias de afrontamiento, para sentirme más segura y poder enfrentarme a todas las dificultades que sé que van a ir surgiendo. Pero ya he aprendido que “cada dificultad es una nueva oportunidad para evolucionar”.
Esta chica tiene 24 años, después de dos años en el recurso de apoyo que se le ofreció a su mayoría de edad, con su formación terminada, consiguió entrar como becaria en una empresa, y actualmente, trabaja y vive en un piso de alquiler, que comparte con una compañera. A esta compañera, le cuenta una y otra vez, lo importante que fue el día que decidió SER FELIZ y dejar atrás su pasado, su victimismo, sus rencores y enfados y aprendió a perdonar y a pedir ayuda.
Si tienes a un adolescente cerca, deja de edulcorarle la vida, tanto azúcar al final, amarga. Son personas como tú, en otra etapa del ciclo vital y no necesitan la protección de “ten cuidado”, “no vas a ser capaz, déjame a mí”. Sino, la protección que le das cuando le dices “adelante”, “si te caes te animaré a que lo intentes otra vez”, “toma una decisión, un objetivo y lucha por él”, “POR SER FELIZ”.
Esto es lo que se consigue con el coaching, al principio, dudaba si con adolescentes iba funcionar, a medida que lo voy aplicando en mi trabajo, cada vez me convence más.

Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach.

SER FELIZ

GALILEA


Hola, mi nombre es Galilea, tengo casi 18 años y me encuentro en un momento crucial de mi vida, he de tomar una decisión importante.
Para que entendáis de qué hablo, os voy a contar mi historia desde el principio. Con 12 años, ingresé en un centro de protección de menores. El primer día pensé que me iba a morir, no comprendía nada, no entendía los motivos por los que aquella pareja de policías, había aparecido en mi colegio y me había llevado a aquel lugar.

galilea
Al llegar, me presentaron a un montón de gente: niños, educadores, alguien a quien llamaban, la directora, y por último, a dos personas a las que llamaban el Equipo Técnico (ET, en adelante). En ese momento, no sabía lo que ese nombre significaba, pero poco a poco, los compañeros, me explicaron que se trataba de una psicóloga y una trabajadora social que podían solucionar algunas cosas, que hablaban con los niños y con sus familias y te ayudaban a mejorar tu situación.
Yo seguía sin entender nada, qué situación había que mejorar, lo único que yo quería era, volver a mi casa con mis padres.
Los días transcurrían y pasaban los meses y los años. La convivencia con el resto de los niños y niñas era agradable, con sus más y sus menos, claro!. Cada uno tenía sus historias, sus penas y alegrías, pero, en general, solíamos pasarlo bien. Los educadores, se esforzaban en enseñaros mil y una formas de afrontar nuestros problemas, nos daban afecto y disciplina, a la vez, y siempre tenían palabras reconfortantes cuando no teníamos un buen día.
Pero vuelvo sobre esas personas del ET, fui conociéndolas poco a poco, venían a nuestro centro algunos días, otros días estaban en otros centros cuidando a otros menores.
Recuerdo cuando me entrevistaron por primera vez, me hicieron muchas preguntas, terminé llorando. Pero, sobre todo, se mostraron accesibles y preocupadas por mí, por mi familia, por lo que yo quería y por lo que sentía. Hasta ese momento nadie me había tenido tan en cuenta como ellos. Sin embargo, cuando acabó la entrevista, sólo fui capaz de decir que quería volver a mi casa, claro!.
Ellos me explicaron una “palabrota” que después he escuchado muchas veces “DESAMPARO”. Resulta que, lo que yo pensaba que era normal, un padre desaparecido, una madre con escasas habilidades educativas y con dificultades para demostrar afecto, una casa en condiciones de poca habitabilidad, un alto grado de absentismo escolar y una gran confusión, en mi cabeza, entre el bien y el mal, no eran unas circunstancias idóneas para que un niño/a creciera y se desarrollara adecuadamente.
Creedme que cuando pude comparar las condiciones de mi casa, con lo que me ofrecía el centro, empecé a entender que había mejores formas de vida que la que yo había tenido hasta ese momento.
Sin embargo, ellos, el ET, hablaban con mi familia, facilitaban los encuentros con ellos y nos ayudaban, a todos, a tomar conciencia y a aceptar una situación poco reversible en esos momentos.
A lo largo de los años, el ET ha ido varias veces a mi casa, han apoyado a mi familia, y los han ayudado a mejorar sus condiciones de vida para que pudieran ofrecerme un apoyo, al menos emocional y afectivo, asumiendo sus limitaciones para hacerse cargo de la educación de un menor en todo su conjunto.
Recuerdo, cuántas veces se han sentado a explicarles los beneficios de que yo tuviera límites, disciplina, orden, rutinas,… . Y poco a poco esas ideas fueron calando en mi familia y en mí.
Me contaban también, que hablaban con otras personas, unos técnicos que trabajaban en la Administración, con los cuales se sentaban para contarles cómo iba evolucionando mi caso. Y, en ocasiones, actuaban como mediadores entre éstos y mi familia, o entre ellos y yo. Cuando mi familia o yo, les hacíamos peticiones, tras valorarlas y considerarlas adecuadas, se iban a hablar con los técnicos de la Administración y luchaban por conseguirlas (casi siempre lo lograban).
Recuerdo, también, cómo fui creciendo, acompañada de muchos profesionales, de muchas personas preocupadas por mí, pero alejada de mi familia, y eso me entristecía.
Para paliar esta situación, a medida que mi familia fue realizando algunos cambios, comenzaron a permitirnos unas relaciones más amplias, llegamos, incluso, a conseguir pasar algún que otro fin de semana juntos, en mi casa. Mi casa había mejorado considerablemente, con el paso de los años y las orientaciones del ET. Pasábamos, también algunos periodos vacacionales y días festivos juntos, pero luego tenía que volver al centro. Si os soy completamente sincera, hubo un momento que entendí, que por más que quisiera a mi familia y deseara volver a mi casa, ellos no podían ofrecerme lo que yo necesitaba. Y aprendí a valorar el esfuerzo de mi familia por mejorar su situación, y a no juzgarles, ni reprocharles su falta de habilidades. Aprendí a valorar lo que tenía, una familia que me quería y unos profesionales que me estaban sirviendo de sustento y cubriendo todo lo que mi familia no podía darme.
Aprendí a ser feliz y a sentirme afortunada porque un día, la policía me llevara a un centro.
Vi a compañeros más pequeños, que fueron adoptados, otros mantenían relaciones con familias diferentes a las suyas, pero ese no fue mi caso.
¿Que si me hubiese gustado tener la oportunidad de conocer a otras familias?, pues no lo sé, tal vez, por lo que contaban los compañeros, parecía una experiencia positiva, pero, no sé, tal vez por mi edad, o por mi carácter, o por circunstancias que yo no controlaba, no pude acceder a ese recurso.
Ahora echando la vista hacia atrás, agradezco todo lo que hicieron por mí, cuantas personas pasaron por mi vida durante esos años que viví en un centro. Y a pesar de los momentos difíciles, sé que he aprendido y que he madurado más que cualquier otro niño de mi edad. Y eso lo llevo ganado en mi desarrollo personal.
He aprendido a expresar mis emociones, a defender mis derechos, a tener unos hábitos de vida adecuados, a mantener relaciones positivas con los demás, a convivir y a aceptar las diferencias de los otros. Muchas gracias.
Y ahora, volviendo al principio de esta historia, es el momento de decidir. No me da miedo, porque sé que voy a decidir con conciencia y con herramientas suficientes.
Me queda un mes para mi mayoría de edad, el ET, me ha hablado de un recurso que me puede facilitar mi emancipación, un recurso orientado a mi futura vida como adulta.
He hablado con mi familia, podría volver con ellos. Aunque la situación no ha cambiado mucho, hay cosas que han mejorado, y podría adaptarme. A veces, pienso que ellos son mis raíces y que los estaría traicionándolos si no volviera con ellos, ahora que la decisión es mía. Pero, otras veces, pienso que tengo un horizonte ante mí, y que puedo hacer cosas diferentes, para las que necesito un entorno más ordenado, con personas que me orienten en este mundo de adultos que se me viene encima, y que, a pesar de los recursos con los que cuento, me hace sentir pequeñita.
Así que tengo que decidir, entre volver a mi entorno, asumir mi posición en mi familia y mantener un rol predeterminado o reinventarme, evolucionar, crecer y arriesgarme. ¿TÚ QUÉ HARÍAS?.

Victoria Eugenia García Martínez
Psicóloga y Coach.

TERRENO PANTANOSO

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Hoy me vais a permitir una licencia en mi blog. Voy a escribir sobre un tema polémico que quizás muchos desconocéis, una pregunta que durante muchos años me he planteado, y cuando alguien me ha contestado, no me ha gustado su respuesta: “EN REALIDAD, NO PASA NADA”.

¿Qué pasa con esos padres que abandonan a sus hijos en la Administración Pública, con esos padres a los que les son retirados sus hijos y no hacen nada por cambiar su situación?.

Si seguís mi blog, ya sabréis que apuesto por el trabajo con la familia, por el trabajo de concienciación y apoyo a aquellos padres faltos de habilidades, aquellos cuya infancia fue difícil, también, y no supieron o no pudieron hacerlo mejor, aquellos a los que les sobrepasaron las circunstancias, y por la mejora de las situaciones para facilitar una reinserción familiar, siempre que esto sea posible, pero,…

¿Qué se le dice a un niño con déficits cognitivos cuando te dice: “ECHO DE MENOS A MI FAMILIA”. ¿Qué expectativas le ofreces cuando sabes que no hay el más mínimo interés, en su familia, por cambiar las cosas?. ¿Qué le respondes cuando sabes que su familia se encuentra tranquila al saberlo cuidado y atendido y no ve la necesidad de hacer ningún esfuerzo para conseguir tener a su hijo a su lado?.

¿Qué puede aportar el mundo de las leyes, los abogados y la justicia?. Según la ley 1/1998, de 20 de abril, en el artículo 3 del título I: de los derechos a los menores:

“Los poderes públicos de Andalucía otorgarán la protección y asistencia necesaria a la familia para que pueda asumir plenamente sus responsabilidades como grupo y medio natural para el adecuado crecimiento y bienestar de los menores”.

Os diré que desde mi experiencia he podido observar que esos padres no son obligados a ejercer su obligación de padres, a mejorar sus habilidades y a reaprender a ser padres. Mientras los menores residen en centros, “ echando de menos a su familia”, su familia no encuentra motivos para colaborar con los Servicios Sociales y mejorar su vivienda, su dinámica familiar o sus prioridades, y así recuperar a sus hijos.

La Administración, protege al menor de la negligencia, del abandono, de los malos tratos, ofreciéndoles la experiencia de un centro residencial o de una familia, experiencia que no es positiva para todos. Sin embargo, no se juzga a esos padres que deciden dejar la tarea (obligación) de educar a sus hijos en manos de otros, sin sentir ningún tipo de responsabilidad al respecto.

Lo que ocurre, cuando los menores crecen es, que piensa y en algunos casos verbalizan: SI MIS PADRES SON LOS QUE NO HAN HECHO LAS COSAS BIEN, LOS QUE NO HAN SABIDO/QUERIDO/PODIDO CUIDARME, ¿POR QUÉ ESTOY YO EN EL CENTRO Y NO ELLOS?. Cómo se les explica que ellos no son los culpables de estar en el centro, cuando son ellos los que han sido retirados de su entorno, de su familia, de sus amigos, y los que tienen que enfrentarse a su mayoría de edad, antes de tiempo?.

Cuando el chico me dijo: “ECHO DE MENOS A MI FAMILIA”, sólo se me ocurrió decirle, “No te preocupes, mañana tienes visita”.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

QUITEMOS EL FOCO DE LOS PEQUEÑOS.

QUITEMOS EL FOCO DE LOS PEQUEÑOS.

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Dejemos de señalar a los niños, ellos son sólo el producto de una carga genética, más los valores, y la educación que les damos. Si tienes cerca, a un “adolescente con problemas”, piensa que esos “problemas” son reflejo de sus vivencias, de una dinámica familiar determinada, de un  estilo de relación,… .

Y por más normalizada que pienses que es tu vida, a veces, las circunstancias no  nos dejan ver nuestra parte de responsabilidad en las dificultades de nuestros hijos.

Y no se trata de desresponzabilizar al  adolescente,  ¡de ningún modo!. Ellos se harán responsables de sus actos, de sus conductas, pero sólo una vez que entiendan el porqué de éstas, sus motivaciones,sus ganancias y sus pérdidas, al respecto. Es decir, cuando sean capaces de tomar conciencia.

Nosotros nos responsabilizaremos  de  lo demás. Si te encuentras en esta  situación, te propongo que reflexiones sobre estas cuestiones:

–      ¿Qué quieres conseguir respecto a la relación con tus hijos?

Es importante comprometerse con un objetivo que te propongas tú mismo.

–      ¿Con que recursos cuentas y qué te hace falta?

Y ser capaz de pedir ayuda.

–      ¿Cómo afrontarías tus problemas de otro modo?

Reflexionar sobre otras alternativas, abrir la mente a otros modos de afrontar las dificultades.

–      ¿Qué ganarás y qué puedes perder?

–      ¿En qué complementas tú,  y en qué te complementan otros miembros de la familia?

–      ¿Qué tienes que hacer para conseguir tu propósito?

–      ¿Cómo te sientes?

Después, contacta con Vescentia, te acompaño en la visualización y la experiencia del camino hacia una convivencia feliz con tu familia.

Victoria Eugenia García  Martínez

Psicóloga y Coach

Coaching y los adolescentes conflictivos.

Lo pIMG-20140524-WA0000 (2)rimero que debemos saber es que un adolescente conflictivo lleva detrás de sí una historia familiar compleja. Y no en todos los casos se trata de una familia con escasos recursos económicos o procedentes de un entorno desfavorecido. A veces, mucha veces, nos encontramos con estratos de población, de alto nivel sociocultural y económico, con dinámicas familiares muy patológicas, que no permiten el adecuado desarrollo y evolución de la infancia. Por lo tanto, llegados a la adolescencia surgen las dificultades.

Cuál será el trabajo del coach. Se trata de hacer al adolescente responsable. Pero responsable de su vida, de sus conductas, no de la dinámica familiar en la que se ha visto envuelto desde pequeño. Es muy importante aclarar esto,  porque así evitaremos los sentimientos de culpabilidad que muchas veces la familia carga en ellos.

Llegados a un punto importante de conflictividad, el adolescente necesitará tomar conciencia de su vida, de su situación actual y decidir por sí mismo, tomar las riendas de su vida.

Por supuesto, corremos el riesgo de que el adolescente decida continuar por el camino fácil y no implicarse ni responsabilizarse de su vida,  ni de sus conductas. Pero esto, será una decisión suya, y por lo tanto, estará tomando las riendas de su vida, tras un trabajo de autoconocimiento y concienciación. Una decisión que puede no gustar a los adultos que tenga a su alrededor, pero,  al fin y al cabo,  será su decisión.

Si por el contrario, el adolescente decide buscar su propia evolución y salir de su zona de confort, lo acompañaremos en la búsqueda de su sueño, su para qué, dándole herramientas de autoevaluación y ofreciéndole un espacio de reflexión y confrontación, hasta que se sienta seguro e inicie su camino. La finalidad será que se responsabilice y se comprometa consigo mismo,  no con los demás. el compromiso con uno mismo es más difícil de adquirir, pero cuando se consigue, conlleva potentes resultados.

Vescentia puede ayudarte.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach.

¿QUÉ LE PASA A JUAN?

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JUAN

Un niño estupendo, que nunca ha mentido, con el que nunca hemos tenido problemas, un niño bueno, noble, con valores,…

Un día, de pronto, Juan comienza a mentir, se muestra desafiante, se separa de nosotros, se aisla,… .

Un día, de repente, Juan muestra ansiedad por su pasado, sus orígenes, plantea mil y una preguntas sin respuesta.

Observamos nervios,  inquietud, inseguridad, incapacidad para reconocer sus capacidades. Le hablamos y se queda en babia, no presta atención, no se concentra.

¡Bienvenida adolescencia!

Esa etapa repleta de cambios desde lo físico, hasta el razonamiento. Ese cuerpo que crece descompasado, en muchas ocasiones. Cuerpos de adultos con mentalidades inmaduras, aún.

El exterior nos confunde, somos adultos para unas cosas y niños, aún, para otras. Nos piden responsabilidades y no sentimos la seguridad de poder responder de manera adecuada.

Aparecen los miedos a no gustar, a no encajar, a equivocarnos.

Juan ha tenido una infancia difícil, se ha perdido muchas vivencias infantiles que ayudan a crecer, a madurar. Juan ha tenido que ser mayor antes de tiempo. Ha tenido que asumir responsabilidades que no le correspondían. Las  circunstancias lo obligaron a adoptar un rol adulto para el que no estaba preparado. Y ahora, con la adolescencia vuelve a revivir esos sentimientos de miedo, ansiedad por dar la talla, por responder.

Su vivencia es el fracaso, de pequeño, no fue capaz de defender a su madre y a su hermano y fue retirado de su entorno más cercano. El sentimiento de abandono le ronda en su vida. Sus vivencias le han llevado al fracaso en las relaciones con los demás, sus habilidades sociales son escasas,…

Sin embargo, la adolescencia ha llegado, y esto es el aviso de la vida adulta.  Juan se refugia en su mundo interior, por eso se queda en babia, a veces. Juan intenta volver a etapas anteriores de esa infancia frustrada y vemos en él conductas infantiles. Conductas poco acordes con ese cuerpo ya desarrollado.

Los adultos le piden madurez, responsabilidad, que sea un “hombre”. Se le exige un comportamiento adulto. Y con esto, solo conseguimos aumentar el nivel de frustración de Juan, que ve que no llega y ante las críticas, no acierta a llevar a cabo lo que le piden.

Y si, miramos el fondo de Juan, y si, potenciamos esas inquietudes y le ayudamos a buscarles respuestas. Y si, ayudamos al niño interior de Juan a encontrar su lugar.

Potenciando sus competencias, le  ayudaremos a valorarse, a sentirse capaz, a encontrar su sueño y a hacerse responsable de conseguirlo.

Y, entonces, Juan se centrará, escuchará, se responsabilizará, y podrá crecer emocionalmente sano, seguro y feliz.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

La Navidad y la adolescencia

En la tradición de las familias, se intenta, con la mejor de las intenciones, la unión en estos días de Navidad. Todo se pospone (diferencias, enfados, rencillas,…), para tener “la fiesta en paz”. ¿Qué ocurre si las diferencias no son salvables, si estuviéramos forzando una situación incómoda, obligando a aparentar normalidad, presionando a un adolescente a representar un teatro, donde todo va bien, al menos, hasta la próxima reunión familiar?

arbol_de_navidad_fondo_blanco-256_1600x1200Es importante hablar con nuestros hijos, resolver las diferencias, relativizar las conductas que tan preocupantes pueden parecernos. No dejemos nuestros problemas en manos de la Navidad, resolvámoslos y hagamos de la Navidad un momento más normalizado. Creemos nuestra Navidad familiar, afrontando la problemática existente, sin disimularla, y entonces, encontraremos la “Feliz Navidad”.

Los profesionales tenemos que ayudar a las familias a evidenciar sus dificultades, a enfrentarlas a entender que forman parte de su dinámica. Pero también debemos explicarles que si se le da la importancia adecuada, tomando consciencia de la situación, se puede plantear una posible solución, que parte de todos los miembros. Elplanteamiento compartido será la clave del éxito.

Si tienes dificultades para comprender a tu hijo adolescente, quizás sólo necesitas escucharlo y  quizás él solo necesite encontrar su sueño, su para qué, …. . Vescentia puede ayudaros.

Victoria Eugenia García Martínez

Psicóloga y Coach

CAMBIOS EN LA ADOLESCENCIA

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Leyendo un artículo sobre la  Terapia  de la Aceptación y el Compromiso, he podido  confirmar algunas de mis hipótesis.

Cuando  trabajas con adolescentes hay que tener presente que  la etapa que les toca vivir, es un momento de cambios, físicos, psicológicos y emocionales. Esto les genera sentimientos de preocupación al pensar si lo que les pasa  es algo “normal” o no. (Abro un paréntesis, porque  me gusta poner la palabra “normal” entre comillas. Así describo que la normalidad es relativa).

Volviendo a la adolescencia,  es una época, en la que se dedica mucho tiempo a la apariencia física, esto está muy relacionado con el autoconcepto y la autoaceptación.

Se da también un cambio en las relaciones con los adultos,  de repente un día, al  ver un cuerpo “adulto”,  esperamos que los adolescentes actúen como adultos. Sin embargo, no han hecho más que iniciarse en el mundo adulto y aún les queda mucho camino por andar.

Los adultos podemos delegar en ellos responsabilidades para las que no están preparados. Les planteamos retos altos para competencias bajas aún. Esto favorece la frustración, la inseguridad y el bajo autoconcepto de los adolescentes, principalmente, cuando, si al no conseguir llevar a cabo la misión encomendada, reciben mensajes de incapacidad.

En la adolescencia, aparece un tipo de pensamiento diferente al de etapas  anteriores, el  pensamiento hipotético-deductivo. Este  pensamiento, permite razonar más allá de la  experiencia concreta. Los adolescentes  empiezan a interesarse por problemas que no tienen que ver con su realidad más cercana y desarrollan la capacidad crítica y los conflictos con la autoridad.

Cuando estos adolescentes,  además, han sufrido deprivación social o emocional, abandonos y/o malos tratos, ¿dónde queda  su autoconcepto?.

Es necesario dejarnos de  paternalismos  y sobreprotección, y ayudarles a enfrentar la realidad, su realidad, sin tapujos. Ayudémosles a entender que las dificultades forman parte de la experiencia compartida por la humanidad, a conseguir prestar una atención consciente a los sentimientos que nos incomodan, sin apegarse a ellos y por último a tratarse a sí mismos,  con bondad. No luchar  contra esos sentimientos, si no aprender  de ellos.

Se trata de ayudarles a encontrar sus valores, para que luchen por ellos. En esta lucha, se replantearán la importancia de esos pensamientos  negativos, que hacen que su autoconcepto se resienta.

Cuando luchamos por defender nuestros valores, encontramos fuerzas para relativizar los problemas,  encontramos la motivación y  nos hacemos fuertes, lo cual  eleva el autoconcepto  y la autoestima.

En el coaching se trabaja  también con los  valores. Desde Vescentia se parte de un  cambio de hábitos, que conlleve al  descubrimiento de nuevos talentos y esto a un cambio de valores.

 

Victoria Eugenia García Martínez.

Psicóloga y Coach

 

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